Grandes exploradores III. Horace Bénédict de Saussure

Estatua en honor a Horace Benedict de Saussure y a Jacques Balmat

Son imponentes y no existen dos iguales, se levantan orgullosas por encima de su entorno, e incluso por encima de las nubes, pueden estar cubiertas tanto de hielos perennes, como de selvas tropicales, tanto de cárcavas desérticas como de terrazas agrícolas. Por algunas todavía no ha pasado ningún ser humano y por otras pasan todos los días cientos, algunas pueden escupir fuego y otras permanecen bajo el mar, y todas ellas acumulando una cantidad ingente de ciencia, desde los eventos que las formaron a la flora y la fauna que albergan, desde la energía que liberan a cómo modifican los patrones climáticos de los alrededores. Sus ríos, sus bosques, sus rocas y sus formas imposibles han provocado la admiración del ser humano desde tiempos inmemoriales generando un potente magnetismo hacía nosotros. El amor por la montaña y el sentimiento de libertad que se siente tan solo con respirar su aire hoy en día es vívido por miles de personas en todo el mundo, pero hubo un día en que fue algo nuevo, envuelto en la épica de los pioneros que se aventuran a ir a cualquier sitio por primera vez, y en este caso todo comenzó por razones científicas, y es que lo que hoy conocemos como alpinismo comenzó de la mano de un científico, Horace Bénédict de Saussure.

Nació en Chêne-Bougeries, cantón de Ginebra (Suiza) el 17 de febrero de 1740 y cuando murió en su ciudad natal en 1799 había sido naturalista, físico y geólogo, inventor del higrómetro de cabello, el diafanómetro, el magnetómetro y el anemómetro, profesor de filosofía en Génova, alumno de la Royal Society, fundador de la “Société pour l’Avancement des Arts” de Génova, dió nombre al género de plantas Saussurea y al mineral  saussurita, y todo ello gracias a que es considerado el padre del alpinismo.

Higrómetro de cabello. Su funcionamiento se basa en la variación de longitud que sufre el cabello en función de la humedad circundante. Fuente: asignatura.us.es

Higrómetro de cabello. Su funcionamiento se basa en la variación de longitud que sufre el cabello en función de la humedad circundante. Fuente: asignatura.us.es

Horace sentía pasión por la ciencia y las montañas desde su infancia, sobretodo por las grandes montañas alpinas y especialmente por el macizo del Mont Blanc, que desde sus 4810 metros sobre el nivel del mar es la montaña más alta de Europa occidental y que por aquellos tiempos nunca había sido pisada por pie humano. Así pues, cuando viajó hasta el valle de Chamonix, en las cercanías del Mont Blanc, juró que sería el primero en alcanzar la cima. No lo fue, pero sí que fue el responsable y organizador de la primera ascensión, pues ofreció una gran recompensa al primero que encontrara el camino y llegara hasta la cima, participando él mismo en varias tentativas anteriores. Finalmente el 8 de Agosto de 1786, Jacques Balmat y Michael Paccard, por la ruta de los Grands Mulets, alcanzaron la cima del gigante alpino por primera vez en la historia de la humanidad. Al año siguiente, el 3 de Agosto de 1787, Saussure, acompañado de los dos anteriores, llega a la cima, cumpliendo así su gran sueño. Allí instaló una tienda de campaña para realizar cálculos de altitud, presión, temperatura y humedad en los que seguro eran los experimentos a mayor altitud y menor presión realizados hasta la fecha. A partir de este punto, Saussure consagra la mayor parte de su actividad científica en siete viajes llenos de observaciones a lo largo y ancho de los Alpes, los cuales están editados y detallados en cuatro volúmenes bajo el título “Viajes por los Alpes” y elaborando numerosas publicaciones más entre las que destaca su “Ensayo del Higrómetro”.

Portada de “Viajes por los Alpes” de Saussure. Fuente: www.histoire-passy-montblanc.fr

Portada de “Viajes por los Alpes” de Saussure.

Vista del Mont Blanc. http://commons.wikimedia.org/. Autor: Philippe Kurlapski

Vista del Mont Blanc. Autor: Philippe Kurlapski

Vista del Mont Blanc en invierno. Fuente: www.maxsciencies.com

Vista del Mont Blanc en invierno.

Concretamente en estos viajes se dedicó especialmente a recoger plantas y rocas para su clasificación, estimar la humedad y presión a diferentes alturas, calcular  la radiación solar y caracterizar  arroyos, ríos y glaciares, y averiguar los procesos geológicos que formaron los Alpes, para lo cual pasaba días o incluso semanas instalado en campamentos de alta montaña y que serían los precursores de los laboratorios de investigación que han sido utilizados en los sucesivos siglos. Alguno sigue activo todavía, tales como el observatorio Vallot, a 4365m de altitud y que hoy en día se dedica a analizar muestras de hielo y aire para el Centro Nacional de Investigación Francés, o como el observatorio subterráneo del Centro de Investigación Italiano, situado a 1700 m de profundidad y que sirvió de prototipo para los famoso CERN de Ginebra y el Gran Sasso de los Apeninos.

Refugio Vallot. Fuente commons.wikimedia.org

Refugio Vallot.

Y así, de la mano de la curiosidad científica y del poderoso magnetismo que inducen las montañas, surgen lo que hoy conocemos como alpinismo, montañismo, escalada, barranquismo o trail running,  actividades que a muchos les pueden parecer improductivas y completos sin sentidos, pero a los que voy a dejar unas cuantas frases que resumen el sentimiento de los que vivimos la montaña, casi más como un estado filosófico que como una mera práctica deportiva y que además tiene tanto en su origen como en su desarrollo y práctica una importante carga científica.

Georges Sonnier dijó: «Me dirán , ya lo sé, que nuestras fatigas, nuestros sufrimientos, son inútiles. Inútiles los peligros pasados, inútil la sangre tal vez derramada. Pero es conveniente que, en este mundo corrompido por el utilitarismo, alguien venga alguna vez a dar ejemplo  de desinterés, de gratuidad. Ningún beneficio nos procurará  nuestra aventura, ningún beneficio que se traduzca en dinero. Nuestra acción es pura. Esta pureza es su única razón de ser, nuestra verdadera riqueza. Nos sentimos orgullosos de ella». A su vez Rousseau decía «Quitad de los corazones el amor por lo bello, y habréis quitado todo el encanto a la vida» y el mismo Saussure afirmó tras su ascensión al Mont Blanc «¡Qué momento para la meditación! De cuantas fatigas y privaciones no me compensaron aquellas breves horas! El alma se eleva y, en medio del majestuoso silencio, uno cree oír la voz de la naturaleza y convertirse en su confidente».

Y es que sinceramente pienso que el mundo avanza y sigue adelante gracias a aquellos que son capaces de hacer cosas en su vida sin buscar ningún interés económico, los que son capaces de hacer cosas por pura pasión. Nos vemos por ULÛM o si acaso quizás, por alguna montaña.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org

http://chrismielost.blogspot.com.es/

http://www.biografiasyvidas.com/

http://www.divulgameteo.es/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *