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¿Por qué Órbita Laika odia a Charles Darwin? Sobre Félix de Azara y científicos tartamudos


Texto escrito por Fernando Cervera

Para quien no lo sepa, Órbita Laika es un programa nocturno sobre ciencia que se emite en la cadena de televisión española La 2, y que ya va por su tercera temporada. No obstante, si hemos traído este programa a nuestra revista digital es porque, según lo visto en los últimos capítulos, las vacaciones no le han sentado bien a los guionistas y divulgadores del show, que además ya no son los mismos que hicieron las dos entregas anteriores. Para explicar esto os dejo con el vídeo del programa, en el cual vemos (a partir del minuto 3:04) al matemático Santi García hablándonos de Felix de Azara.

Si tuviéramos que hacer caso a lo que nos cuenta Órbita Laika, Felix de Azara sería un Darwin español, un pionero de la teoría evolutiva que hizo estudios y publicaciones sobre el tema, y todo ello cincuenta años antes del nacimiento de Darwin. Y no solo eso, sino que el naturalista inglés le copió estudios. Pero aunque entendiéramos esa insinuación como un toque humorístico, sí que se dice claramente que el referente de Darwin para su teoría evolutiva fue Azara. Todo esto apareció en un programa de divulgación científica que estaba dedicado en exclusiva a la evolución. Ahora bien, ¿qué hay de cierto en esa historia?

La realidad es que Félix de Azara jamás publicó un estudio sobre la evolución ni tuvo una influencia directa sobre las ideas evolutivas de Charles Darwin. Sí que es cierto que fue citado por el naturalista inglés en algunas ocasiones, pero su influencia puede ser entendida como superficial y ligada a las especies descritas por Azara. Solo entendiéndolo de ese modo podríamos afirmar que el explorador español tuvo alguna importancia en el desarrollo de la teoría evolutiva, pero junto a cientos de autores más, y ni fue el primero, ni el único, y desde luego que no fue el más importante. Ahora bien, dado que Órbita Laika falló en su labor divulgativa, ¿quién fue en realidad Félix de Azara?

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Félix de Azara fue un naturalista y militar español que pasó veinte años recorriendo América del Sur

Félix de Azara fue un militar y naturalista español nacido en la provincia de Huesca en 1742. Su carrera militar le llevó a Argel, donde fue herido de gravedad. Finalmente, como consecuencia del Tratado de San Ildefonso —firmado entre España y Portugal, y que pretendía delimitar las fronteras de sus posesiones en América del Sur—, fue mandado a una expedición que le cambiaría la vida. El objetivo era trazar las fronteras en unos meses, pero finalmente permaneció allí durante veinte años.

Azara tenía entre sus posesiones más valiosas algunos libros del naturalista Georges Louis Leclerc, más conocido como el Conde de Buffon. Eso produjo que durante sus viajes tomara interés por la fauna y la flora que veía, y a pesar de su inexperiencia como naturalista y de cometer muchos errores de clasificación, Azara describió unas 200 especies que resultaron ser nuevas para la ciencia, aunque no las identificó. No obstante muchos naturalistas, reconociendo su enorme trabajo, le dedicaron algunos nombres de las especies que había descrito por primera vez, como el roedor argentino Dasyprocta azarae.

Ahora bien, si nos centramos en el trabajo acumulado por este naturalista español del siglo XVIII, la parte más importante sería la de sus aportaciones al estudio de la distribución espacial de las especies, destacando mucho sus estudios sobre aves y su relación con el medio ambiente. Y si bien Azara era creacionista —la gran mayoría de naturalistas lo eran— también apoyaba la idea de una única creación y de que algunas pequeñas variaciones de esos primeros organismos podían explicar la diversidad de razas de algunas especies, idea que era mantenida por muchos otros naturalistas en aquella época. También describió de manera anecdótica la competencia entre individuos por los recursos del medio, pero a diferencia de Charles Darwin, el español no desarrolló esas ideas (que ya habían descrito otros naturalistas). A ese nivel, podríamos citar como auténtica referencia de Charles Darwin al economista Thomas R. Malthus, y no a Félix de Azara.

Para concluir con la supuesta relación de Azara con la teoría evolutiva, dejaré un fragmento escrito por Juan Pablo Martínez Rica, del Instituto Pirenaico de Ecología, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y que trata sobre Félix de Azara y su supuesta relación con la teoría de la evolución por selección natural, de Charles Darwin.

Lo cierto es que con evidente exageración se ha llegado a decir que sin la contribución de Azara, Darwin no habría podido enunciar su teoría de la evolución, y con similar falta de fundamento se ha llegado a calificar a Azara como “el Darwin español”; lo que es peor, precisamente ese título (“Félix de Azara, el Darwin español”) llevaban las Primeras Jornadas Azarianas que se desarrollaron el año 2005 en Madrid y en Huesca. Felizmente el calificativo ha desaparecido de la edición escrita de las ponencias de dichas Jornadas (salvo en uno o dos casos), con lo que se evita una permanente contribución a la hipérbole sobre el personaje. Pero incluso los calificativos más mesurados de Baulny (1966-1967) quien siguiendo a Álvarez López (1934) considera a Azara como precursor de Darwin, deben reducirse a su justa medida. Y quizás deba resaltarse, como ya lo han hecho algunos, que la contribución de Azara tiene más valor como anticipo del desarrollo de la ciencia biogeográfica o de la genética, que de la teoría evolutiva.

Juan Pablo Martínez Rica, Las raíces de las ideas biológicas de Félix de Azara [1]

Es decir, que ni Félix de Azara fue un Darwin español, ni influenció en la teoría evolutiva más que cualquier otro naturalista de su época. Y desde luego que ni Darwin le copió ideas ni lo tuvo como su referente, tal cual afirmó Santi García en el programa de divulgación científica Órbita Laika. Es decir, que esa sección fue más un ejercicio de historia ficción que de historia de la ciencia.

Los fallos divulgativos del programa no se quedan ahí y merecerían un artículo aparte, pero ya que estamos hablando de Charles Darwin continuaremos con él. En el primer programa se lanzó una pregunta, a saber, ¿que unía a Isaac Newton, Aristóteles y Charles Darwin? La respuesta no se hizo esperar: supuestamente eran tartamudos [3].

La realidad es que Charles Darwin no era tartamudo. Su abuelo, Erasmus Darwin, sí que lo era. La única referencia real de que el naturalista tuviera problemas con el habla viene de su hijo Francis, que en un libro que editó con cartas de su padre (The Life and Letters of Charles Darwin) apuntaba a que su padre no era partidario de debates y discusiones, y que cuando se alargaban demasiado o se indignaba, a veces se perdía en su propia conversación y le costaba articular algunas palabras. De ahí a ser tartamudo hay una gran diferencia, y tal cual nos avisa el blog The stuttering brain [2], hay que tener mucho cuidado con las listas de supuestos tartamudos, ya que se sustentan en pocas o ninguna evidencia. De hecho, tampoco hay pruebas de que Newton fuera tartamudo, y todo parece tener su origen en que supuestamente pidió —durante su época de parlamentario— que alguien cerrara una ventana del parlamento con el objetivo de que nadie le oyera tartamudear. Sí que existe el registro de que pidió cerrar una ventana, pero el resto de la historia, hasta donde he podido averiguar, es inventada. Y lo mismo ocurre para Aristóteles. Es decir, que es altamente probable que en realidad ninguno de los tres fuera tartamudo.

Lo menos importante es si Darwin fue tartamudo o no, el problema de fondo es que la divulgación científica es una labor que debe hacerse con el mayor de los cuidados, pues hay que evitar dar información falsa a la ciudadanía. Además, cuando hay dinero público de por medio, los estándares de calidad deben ser una prioridad. No se puede decir en la televisión pública que Darwin copió su teoría de un naturalista español, o que fue su mayor influencia, cuando ese personaje no tiene casi nada que ver con la teoría evolutiva. Además, ese tipo de actuaciones efectistas que anteponen el asombro a la veracidad, ensombrecen a una figura tan interesante y relevante como fue Félix de Azara. La ciencia tiene historias suficientemente asombrosas como para no tener que inventárselas, y creo que la televisión pública se merece programas de divulgación científica de calidad. Además, las personas que participan en esos programas tienen una gran responsabilidad y deberían ampliar sus fuentes y verificarlas más allá de Wikipedia o páginas de tartamudos famosos.

Como conclusión, el mayor honor que podemos ofrecer a personas tan valientes e inteligentes como Félix de Azara es recordarles por lo que fueron y no por lo que nos gustaría que hubieran sido. Y la labor de los programas de divulgación científica como Órbita Laika es velar por que eso se cumpla.

Algunas referencias:

[1] Artículo de Juan Pablo Martínez Rica

[2] Blog sobre tartamudez y sus mitos

[3] Minuto 52:20 del vídeo

2 comentarios
  1. David

    October 11, 2016 en 18:59

    Muy de acuerdo en lo que se refiere a Féliz de Azara pero, la verdad, la parte divulgativa en Órbita Laika ha mejorado en muchos aspectos: no está Clara Grima, toda una catedrática en Matemáticas de la Universidad de Sevilla, que soltaba una burrada tras otra en su sección: ¡no sabe ni lo que es una onda! ni, mucho menos explicarlo. ¡Asombroso!. Tampoco echo de menos a ese periodista, cuyo nombre no recuerdo, destrozando experimentos y con unas “interpretaciones” muy particulares, y erróneas, sobre los mismos.
    Sí echo de menos a Ángel Martín, aunque Goyo lo hace bien. Pero, volviendo a la ciencia, me preocupa menos unas notas biográficas erróneas que ignorar, destrozar y despreciar los principios básicos de la ciencia: eso ya no pasa en todos los programas.

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    • Fernando Cervera

      October 12, 2016 en 08:13

      Hola David, yo aquí no estoy comparando el antiguo Órbita Laika con este. Podría hacerlo, pero desgraciadamente no hay baremos objetivos para saber cual de ellos cumplía mejor su función: divulgar correctamente. Sobre Felix de Azara, inventarse su vida y decir que Darwin le copió la idea de la evolución, no lo llamaría una nota bibliográfica errónea, sino un fallo grave que ignora y tergiversa en pos del espectáculo a la auténtica figura de Azara y de Darwin. Las comparaciones entre ambos programas, mejor que cada cual las haga para sí mismo, pues no podemos hablar deforma objetiva.

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