UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

Kon-Tiki, una historia de antropología y pasión


Texto escrito por Fernando Cervera

¿Qué podría llevar a un biólogo a construir una balsa con sus propias manos, lanzarla al mar y cruzar el Océano Pacífico hasta Polinesia? Thor Heyerdahl podría responder a esa pregunta.

Antes de contar su historia me gustaría transcribiros un pequeño fragmento del libro donde narró su viaje, La expedición de la Kon-Tiki:

A veces nos encontramos en situaciones raras, sin saber cómo. Nos metemos en ellas paso a paso y del modo más natural, hasta que de súbito, cuando estamos ya enzarzados, el corazón nos da un vuelco y nos preguntamos cómo diablos pudo ocurrir aquello.

Si, por ejemplo, nos hacemos un día a la mar en una balsa de madera, en compañía de un loro y cinco hombres más, es inevitable que tarde o temprano, al despertarnos una mañana en alta mar, quizás algo mejor descansados que de ordinario, nos pongamos a considerar la situación.

En una mañana así, estaba yo sentado ante mi cuaderno de bitácora, escribiendo en sus páginas, caladas de rocío: «17 de mayo: día de la Independencia de Noruega. Mar gruesa. Viento favorable. Hoy me toca hacer de cocinero y he encontrado siete peces voladores en cubierta, un pequeño calamar en el techo de la caseta y un pez desconocido junto al saco de dormir de Torstein…» Aquí se detuvo el lápiz. Un pensamiento vino furtivamente a interponerse entre mis ojos y la página del diario: «¡Vaya un extraño 17 de mayo! La verdad es que, de cualquier lado que se mire, llevamos una vida algo rara. ¿Cómo hemos venido a parar aquí?»

Thor Heyerdahl fue un explorador y biólogo noruego. Nació en el año 1914 y compartió nombre con el dios nórdico Thor, el cual, al igual que él, también fue un aventurero. Si tuviéramos que definir la vida de Thor Heyerdahl sería con la palabra pasión. Cuando solo era un niño construyó un pequeño museo de zoología en su casa, el cual era visitado por muchos vecinos y amigos de la familia. Su pasión fue alimentándose poco a poco y finalmente estudió zoología en la Facultad de Ciencias Biológicas de Oslo. Por otro lado su segunda obsesión fue la antropología así que comenzó a estudiar por su cuenta la cultura y la historia de Polinesia.

El inicio del viaje

Basándose en pocas pruebas, Heyerdahl afirmaba que los primeros pobladores de Polinesia podrían haber llegado desde América y haber colonizado las islas de Polinesia hasta el sur de Nueva Zelanda. Según su teoría los navegantes habrían salido desde Perú en grandes balsas construidas con madera y velas. Después de eso las poblaciones se habrían mezclado con la llegada de los asiáticos. Hoy en día los análisis genéticos podrían afirmar o desmentir rápidamente la teoría que propuso pero en la época de nuestro explorador eso no era posible así que el debate no se hizo esperar.

Las afirmaciones de Heyerdahl no ganaron aceptación entre los antropólogos ya que la evidencia física y cultural sugería que Polinesia fue colonizada desde Asia y no desde América del Sur. Además muchos afirmaron que viajar con las técnicas precolombinas desde Perú hasta Polinesia era imposible. Fue entonces cuando Thor tuvo la idea que lo catapultaría a la fama.

Hipótesis de contactos transoceánicos precolombinos

Desde hace muchos años han existido teorías sobre posibles contactos precolombinos entre el nuevo y el viejo mundo. De hecho actualmente se sabe que hubo una colonización vikinga del noreste americano en el año 1000 de nuestra era, la cual fue realizada por Leiv Eriksson. Pero más allá del caso vikingo no hay evidencias arqueológicas ni genéticas que respalden una teoría similar para América del Sur.

Por ejemplo, para el caso vikingo se sabe que 80 personas de Islandia tienen su ADN mitocondrial englobado dentro del linaje C1e, el cual pertenece a poblaciones de indios americanos y algunos nativos del este asiático. Como el ADN mitocondrial se transmite exclusivamente por línea femenina se sabe que esos islandeses comparten un antepasado común, el cual era una mujer amerindia o asiática [1]. Por el tipo de pruebas antropológicas e históricas es más plausible que se tratara de una mujer india traída por los vikingos desde América. No obstante, la realidad en este tipo de estudios genéticos es difícil de dilucidar y, de hecho, en el artículo científico se dejan abiertas otras muchas posibilidades, como por ejemplo que la llegada del ADN amerindio se produjera a través de algún inmigrante entre 1492 y 1700 [2]. Con esto quiero decir que, a pesar de tener la modernas técnicas de análisis genético, a veces es difícil aclarar muchas de las hipótesis de contactos entre civilizaciones antiguas. En el caso vikingo las pruebas arqueológicas son claras y abundantes, ¿pero ocurre lo mismo con las hipótesis de Thor Heyerdahl? La realidad es que no. Las hipótesis de la llegada de sudamericanos a Polinesia en épocas precolombinas se apoyan, sobre todo, en la semejanza de algunos vocablos de las lenguas malayo-polinesias y los idiomas autóctonos de la región andina, pero obviamente esos hechos no son válidos ni concluyentes [3]. No obstante, todo esto no se sabía en el año 1947 y fue  entonces cuando Heyerdahl decidió averiguar si su hipótesis tenía sentido.

Kon-tiki

La extravagante idea de Thor pretendía demostrar que los que afirmaban que no se podía cruzar el Pacífico en una balsa de madera estaban equivocados. Thor reunió a un equipo compuesto por Erik Hesselberg (navegante y artista), Bengt Danielsson (antropólogo y traductor), Knut Haugland (exmilitar experto en radiocomunicaciones), Torstein Raaby (también exmilitar y experto en radiocomunicaciones) y Herman Watzinger  (ingeniero especializado en mediciones meteorológicas e hidrográficas). El equipo de aventureros se desplazó a Perú y construyó una balsa con troncos, plantas y materiales selváticos. El modelo de la balsa era el mismo que los descritos por los conquistadores españoles y la idea era lanzarse al mar, dejarse arrastrar por la corriente e intentar llegar a Polinesia. ¿Estaban locos? Yo creo que no: su pasión les empujó a hacerlo.

foto1

Foto 1. Los miembros de la expedición antes de su aventura.

El equipo de navegantes salió con algunas provisiones y el líquido justo para vivir unas pocas semanas. Su plan era recoger el agua de lluvia y pescar algunos alimentos. Solamente llevaron el material imprescindible aunque también tenían objetos para determinar su posición y hacer un seguimiento de la trayectoria de la barca.

Después de una cantidad ingente de aventuras en las que tuvieron que enfrentarse a tiburones, tormentas, hambre y cansancio, navegaron 4700 millas desde Perú hasta un arrecife en el atolón de Raroia, en las islas Tuamotu. Llegaron a su objetivo el 7 de agosto de 1947 después de haber estado 101 días navegando. Lograron cruzar el Pacífico sobre 9 troncos unidos con cáñamo y demostraron que no había ninguna razón técnica para suponer que los americanos no pudieron haber llegado a Polinesia.

Toda esta increíble historia sucedió en 1947. Los miembros de la expedición grabaron todo su viaje y lanzaron un documental de la expedición Kon-Tiki, el cual y sin ir más lejos, llegó a ganar un premio Oscar en 1951.

¿Y después qué?

¿Qué hacer después de cruzar el Pacífico sobre nueve troncos? Eso de por sí ya es algo que podría marcar una vida entera pero nuestro biólogo continuó por la senda de la exploración.

Thor

Foto 3. Thor Heyerdahl.

Entre los años 1955 y 1956, Heyerdahl organizó una importante expedición arqueológica a Rapa Nui —también conocida como la Isla de Pascua—. Allí pasaron varios meses investigando algunos yacimientos arqueológicos importantes. También realizaron algunas investigaciones sobre el tallado, el transporte y el montaje de las grandes figuras que adornan la isla. Después de publicarse varios estudios científicos, Hayerdahl escribió el libro Isla de Pascua: El Misterio Resuelto, donde ofreció una teoría sobre el origen de las poblaciones de la isla. No obstante, su hipótesis también resultó ser errónea.

En 1969 Heyerdahl volvió a las andadas e intentó otra de sus famosas travesías. Siguiendo con el espíritu de la expedición Kon-Tiki, construyó un barco de papiro y trató de cruzar el Océano Atlántico desde Marruecos. Para este viaje utilizó exclusivamente las técnicas de navegación que se conocían durante la época faraónica. Intentaba demostrar que tampoco existieron impedimentos tecnológicos para suponer que la civilización egipcia no pudo llegar a América. El primer barco se llamó Ra y ninguno de los miembros de la Kon-Tiki repitió en esta aventura. Después de navegar durante más de 4000 millas el barco sufrió daños y la tripulación se vio obligada a abandonarlo a unos pocos kilómetros de la costa del Caribe.

Un hombre cualquiera se habría rendido, pero Thor no era un hombre cualquiera. Al año siguiente volvieron a construir otra nave igual que la anterior. La bautizaron como Ra II y volvieron a salir desde el mismo sitio. El barco llegó a Barbados y demostraron que los navegantes egipcios tenían la tecnología suficiente para llegar a América —lo cual no significaba que lo hubieran hecho—.

¿Qué hizo nuestro navegante después de todo esto? Estoy seguro de que estáis pensando que volvió a construir otro barco e intentó hacer otra de sus locuras, y aunque tenéis razón esta historia termina de manera diferente y muestra que Thor Hayerdahl, a pesar de equivocarse en la mayoría de sus teorías, era una persona que tenía mucha pasión por la humanidad. Heyerdahl construyó otro barco de papiro, el Tigris. En esta ocasión quería demostrar que podría haber existido comercio entre la antigua Mesopotamia y el valle del Indo. El Tigris salió desde Irak y navegó con su tripulación a través del Golfo Pérsico hasta Pakistán, llegando finalmente hasta el Mar Rojo. Estuvieron cinco meses navegando hasta que algo sucedió: el Tigris se había topado con la guerra. Fue entonces cuando nuestro protagonista sacrificó la expedición para lanzar un mensaje a la sociedad. El 3 de abril de 1978, como protesta contra las guerras del Mar Rojo y el Cuerno de África, Thor incendió su barco y mando una carta al Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas:

Hoy quemamos nuestro orgulloso barco para protestar contra algunos elementos inhumanos del mundo de 1978. Nos vemos obligados a parar en la entrada del Mar Rojo. Estamos rodeados por aviones y buques de guerra de las naciones más civilizadas y desarrolladas del mundo, y se nos ha negado el permiso para pasar por razones de seguridad. No podemos llegar a ningún puerto, excepto al de la pequeña república neutral de Djibouti. Alrededor nuestro vemos a hermanos y vecinos participar en el genocidio. Todo esto sucede gracias a los medios puestos a su disposición por aquellos que lideran la humanidad en nuestra ruta conjunta hacia el tercer milenio.

Nuestro planeta es mucho más grande que los juncos que nos han llevado a través de los mares, y sin embargo, es lo suficientemente pequeño como para correr los mismos riesgos a menos que, aquellos que seguimos vivos, abramos nuestros ojos y mentes a la desesperada necesidad  de una colaboración inteligente. Debemos salvarnos a nosotros y a nuestra civilización de lo que estamos a punto de convertir en un barco que se hunde.

barco

Foto 2. Los miembros de la expedición Tigris después de quemar el barco.

Heyerdahl terminó sus días con proyectos cada vez más estrambóticos. Llevó siempre su mochila cargada con mucha pasión pero pocas pruebas e intentó relacionar la mitología nórdica con la antigua cultura de Azerbaiyán. Ninguna de sus teorías ganó aceptación científica ya que Heyerdahl nunca admitió las críticas que se le hicieron con el peso de las evidencias. Finalmente murió a los 87 años: un tumor cerebral acabó con su fuerza y su vigor.

¿Qué pasó con el resto de miembros de la expedición?

Thor fue el hombre más conocido de la expedición Kon-Tiki, pero ¿de que pasta estaban hechos sus acompañantes?, ¿qué les motivó a enrolarse en una expedición tan peligrosa? Algunos de los miembros de la expedición tenían vidas tranquilas sin ninguna relación con el mundo de la ciencia o la antropología. Esta es su historia:

 erik

Foto 4. Erik Hesselberg

Hesselberg, además de ser el único navegante y cartógrafo de la expedición, era artista. Después del viaje escribió su primer y único libro, Kon-Tiki y yo. El texto fue traducido a 15 idiomas. Después construyó su propio barco —también llamado Kon-Tiki— y vivió en él durante 11 años viajando mientras trabajaba como escultor y pintor. Sus motivaciones para hacer el viaje no fueron ni científicas ni antropológicas, ya que la ciencia, la antropología y la exploración pueden transcender más allá de lo objetivo y tener fuertes nexos con el arte y la belleza subjetiva. Llegó a ser amigo personal de Pablo Picasso y otros artistas de su época.

bength

 

Foto 5. Bengt Danielsson

Bengt Danielsson, además de ser antropólogo, era el único miembro de la tripulación que hablaba español, lo cual les fue muy útil mientras construían la embarcación en Perú. Después de la expedición Kon-Tiki, Danielsson se casó con una mujer francesa. Ambos decidieron establecer su residencia en el atolón de Raroia, el lugar en que la balsa Kon-Tiki había tocado tierra después de los 101 días en alta mar. En 1955 leyó su tesis doctoral sobre la cultura del Archipiélago de Tuamotu. Después escribió una gran cantidad de libros y el guión de algunas películas, uniéndose más tarde a la causa en contra de los ensayos nucleares y de la destrucción de la cultura polinesia. Finalmente terminó siendo director del Museo Nacional de Etnología Sueco. En su caso, un hombre apasionado por la antropología vio en la expedición Kon-Tiki una oportunidad de estudio única. Después del viaje decidió llevar una vida académica y tranquila, y durante el resto de su vida aquellos 101 días marcaron su destino.

kent

Foto 6. Knut Haugland

Knut Haugland era uno de los dos exmilitares a bordo de la Kon-Tiki. Su función era utilizar la única radio que había a bordo de la balsa y mandar un mensaje en caso de emergencia. Haugland tuvo una vida intensa antes de la expedición y, de hecho, combatió en el ejército noruego durante la II Guerra Mundial. Haugland se unió a la resistencia después de la derrota noruega y la ocupación nazi, y el momento más peligroso de su vida no ocurrió en alta mar, sino cuando organizó junto a nueve opositores noruegos la incursión a la planta de Vemork durante la batalla de Agua Pesada. Haugland se lanzó en paracaídas sobre la zona el 18 de octubre de 1942: su orden era hacer de operador de radio durante el sabotaje de la planta de Vemork, que era un enclave vital para el programa nuclear nazi. El 1 de abril de 1944 fue capturado por la Gestapo cuando rodearon la Clínica de Maternidad de Oslo, en la cual se encontraba  junto a un transmisor de radio que tenía instalado dentro de una chimenea. Knut se abrió paso con su pistola desde el último piso hasta el sótano, donde desapareció saltando sobre la pared del hospital en medio de una lluvia de balas. Finalmente logró escapar y huir a Reino Unido.

Después de la guerra, Haugland continuó su carrera militar hasta que se embarcó en la expedición Kon-Tiki. Después de su viaje dirigió el servicio de inteligencia electrónica de Noruega y llegó a ser teniente coronel. Más tarde se convirtió en director del Museo de la Resistencia Noruega y en director del Museo Kon-Tiki. Sus motivaciones para emprender el viaje no fueron científicas, sino las ansias de adrenalina.

tor

Foto 7. Torstein Raaby

Torstein Raaby era el otro miembro de la expedición con experiencia militar. Originariamente era telegrafista pero durante la II Guerra Mundial se convirtió en oficial de inteligencia. Durante la guerra estuvo diez meses escondido en la aldea de Alta, y desde allí enviaba informes sobre los buques de guerra alemanes y sus instalaciones de radar. Torstein se escabullía por las noches hasta un campamento alemán cercano y enchufaba su aparato de radio a una antena alemana que mandaba sus mensajes hasta Inglaterra. Sus informes fueron vitales para ayudar a la aviación inglesa a hundir el acorazado alemán Tirpitz. En 1947 se unió a la expedición Kon-Tiki, donde también tuvo el papel de operador de radio. Después de la expedición regresó a Noruega y trabajó como director de comunicaciones en una isla al norte del Círculo Polar Ártico. Murió en 1964 mientras participaba en una expedición para llegar al Polo Norte. Sus motivaciones para emprender el viaje fueron las mismas que las de Knut Haugland, aunque el final de su vida llego más pronto.

wat

Foto 8. Herman Watzinger

Herman Watzinger era ingeniero y experto en técnicas de refrigeración. Durante la expedición de la Kon-Tiki fue el segundo al mando y además era el responsable de las previsiones meteorológicas y las mediciones hidrográficas. Después de la expedición trabajó como jefe de pesca y asesor en técnicas de congelación para una gran empresa de harina de pescado en Chile. Su vida podría parecer la más tranquila de todos los componentes de la expedición, pero después de una época estable se convirtió en director de la División de Industrias Pesqueras de la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations) y finalmente ascendió a director general adjunto de toda la organización. Watzinger era un hombre serio y bien posicionado, pero se embarcó en una expedición de forma temeraria. Su decisión espontánea demostró que todo ser humano aún conserva un elemento que a nivel evolutivo ha caracterizado a nuestra especie: la curiosidad y la emoción por descubrir.

A la mañana siguiente, un joven bien vestido y de aspecto atlético se acercó con su bandeja del desayuno y se sentó a la misma mesa que yo. Iniciamos una charla y resultó que él tampoco era marino, sino un ingeniero educado en la Universidad de Trondheim, que había venido a América para comprar maquinaria y adquirir experiencia en la técnica de refrigeración. Vivía no lejos de allí y solía comer en el Hogar de los Marineros, atraído por la buena calidad de su cocina noruega. Me preguntó a qué me dedicaba y le hice un breve resumen de mis planes. Le dije que si no recibía una respuesta definitiva sobre mi manuscrito antes de fin de semana, daría los pasos necesarios para comenzar mi expedición en balsa. Mi compañero de mesa no decía gran cosa, pero me escuchaba con gran interés. Cuatro días más tarde volvimos a encontrarnos en el mismo comedor:

—     ¿Qué ha decidido del viaje, lo hace o no? —me preguntó.

—     Sí —le dije—, me voy.

—     ¿Cuándo?

—     Lo antes posible. Si pierdo más tiempo ahora, empezarán las tormentas del Antártico y la estación de los huracanes en las islas. Debo salir del Perú dentro de unos pocos meses, pero antes tengo que conseguir dinero y organizar todo este asunto.

—     ¿Cuántos hombres serán?

—     He pensado en llevar un total de seis. Así podrá haber un poco de vida de sociedad a bordo de la balsa, y es el número indicado para hacer turnos de cuatro horas de guardia durante las veinticuatro horas.

Se quedó pensando uno o dos minutos, como si estuviera madurando una decisión, y de pronto dijo enfáticamente:

—     ¡Demonios, cómo me gustaría ir con vosotros! Yo podría encargarme de tomar medidas técnicas y hacer las pruebas. Naturalmente, debéis apoyar vuestra experiencia con mediciones precisas de los vientos, de las corrientes y las olas. Recordad que vais a cubrir vastas extensiones de mar que son prácticamente desconocidas, puesto que quedan fuera de las rutas marinas. Una expedición como la vuestra puede hacer interesantes investigaciones hidrográficas y meteorológicas. Mi termodinámica podría ser muy útil.

Todo lo que sabía de este hombre era lo que podía decirme la franca expresión de su cara. Pero ésta era elocuente.

—     Muy bien —le dije—, véngase con nosotros.

Se llamaba Herman Watzinger; tenía tanto de marino como yo.

El final de una gran historia

¿Qué podemos aprender de toda esta historia? Thor Heyerdahl tal vez no fue el mejor de los científicos pero su historia refleja que la pasión puede llevar al ser humano a situaciones extraordinarias. En mayo de 2011 los documentos de Thor Heyerdahl fueron añadidos a los Archivos de la Memoria del Mundo de la UNESCO. Los Archivos Heyerdahl abarcan desde el año 1937 al 2002, e incluyen su colección fotográfica, diarios, cartas privadas, planes de expedición, artículos, recortes de periódico y sus manuscritos originales. Lo más impactante de la vida de este hombre no fueron sus teorías —las cuales resultaron ser erróneas— sino la increíble moraleja que podemos extraer de sus aventuras: lo único que cuenta es  vivir la vida con pasión y amor por lo que uno hace.

[1] http://onlinelibrary.wiley.com

[2] http://lacienciaysusdemonios.com

[3] http://www.ncbi.nlm.nih.gov

3 comentarios
  1. Pingback: Kon-Tiki, una historia de antropología y pasión |

  2. Pingback: Gregorio López |

  3. Pingback: Microorganismos a la carta – Taberna Espacial |

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *