UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

Historia de la biología molecular: Phoebus Levene


Texto escrito por Daniel Martínez

Hubo un tiempo en el que el DNA era algo desconocido y en el que la biología molecular solo estaba dando sus primeros pasos como rama dentro de la biología. Un tiempo en el Crick no había comunicado a los clientes del The Eagle que había descubierto el secreto de la vida. No, de hecho ni él ni Watson habían nacido todavía. Sin embargo, el estudio molecular de las bases de la vida era tema central en muchos debates. ¿Cómo se transmitía la información entre generaciones? ¿Qué tipo de molécula podía contener dicha información? ¿Cómo era? ¿Cómo interaccionaba con todo lo demás? Algo tenía que haber, y de hecho, algo había. La historia del paulatino descubrimiento del DNA es un tema central en cualquier carrera biológica en España. Los nombres como Avery, Chargaff, Haldane, Watson, Crick, Franklin, MacLeod, McCarty… están presentes en los primeros temas de varias asignaturas, y no sin razón. Sin embargo, hoy voy a hablar de otra persona quizá menos conocida pero que sin duda ayudó al desarrollo de las teorías posteriores.

Phoebus Levene fue un científico de origen ruso, aunque después adquirió la nacionalidad estadounidense. Estudió medicina en San Petersburgo, y emigró a los EEUU a causa del creciente anti-semitismo que comenzaba a imperar en su país natal. Tras una breve vuelta a Rusia para terminar su grado, volvió a la ciudad de Nueva York donde comenzó a trabajar como médico a la vez que asistía a la Universidad de Columbia, donde potenció sus conocimientos de química. Azares de la vida, contrajo tuberculosis casi al mismo tiempo que era nombrado miembro del “Pathological Insitute”, por lo que tuvo que dedicar un tiempo (largo) a su recuperación. Debido a sus inquietudes intelectuales, este tiempo no estuvo ocioso y lo aprovechó para trabajar con varios químicos de renombre en esa época entre los que podemos destacar a Kossel o Emil Fischer, ambos ganadores de premios Nobel. De hecho Kossel descubrió que el timo de los animales contenía guanina, citosina, adenina y timina. En esa época se conocía también que la levadura contenía otro tipo de compuesto que sustituía a la timina, y que era conocido como uracilo.

También se sabía de la presencia de fosfatos y carbohidratos en esos compuestos, pero no fue hasta que Levene se puso a trabajar en este problema que el azúcar fue identificado como una ribosa, al menos en el caso de la levadura. Eso fue en 1909, y tras 20 años más descubrió que en el DNA había una forma diferente de la ribosa a la que le faltaba uno de los oxígenos, por lo que la denominó como desoxirribosa. Así fue como Levene pudo completar una parte del puzle al determinar los componentes básicos del material genético, a los que llamó nucleótidos. Además, pudo identificar el orden correcto de unión de estos componentes: fosfato-azúcar-base (nitrogenada). Determinó, además, que los fosfatos eran el esqueleto de la molécula de DNA. Hasta aquí todo bien, sin embargo no terminó de hilvanar bien sus teorías y determinó que el DNA estaba compuesto por los cuatro nucleótidos unidos en una especie de plano, y repetidos durante toda la molécula con ese esqueleto de fosfatos. Al ser una estructura tan repetitiva y simple, dedujo que la información de los individuos no podía estar ahí y se centró en el estudio de las proteínas, mucho más complejas y con más probabilidad de tener dicha información.

Estructura del tetranucleótido. Fuente: wikipedia

Estructura del tetranucleótido. Fuente: wikipedia

Lamentablemente, Levene murió en 1940, por lo que no pudo ver la estructura real del DNA. Hoy en día es recordado por ese pequeño patinazo del tetranucleótido plano, pero sería injusto que un hombre así fuera recordado por una hipótesis fallida. Levene fue un científico muy productivo, tal y como demuestran sus más de 700 publicaciones. Además, era un hombre letrado y con mucha sensibilidad artística, así pues, su casa era conocida por estar toda llena de libros y pinturas varias. Hablaba con soltura varios idiomas, y su capacidad para la docencia estaba fuera de toda duda, ya que tenía una gran capacidad de transmitir pasión a sus alumnos. Como dato curioso, Levene conocía a Ivan Pavlov, al cual ayudó dándole cobijo y una nueva visa cuando fue asaltado en una visita a Nueva York. Quizá Levene no consiguió ese último experimento que te sitúa en todos los libros de historia de la ciencia, pero sí fue alguien cuya curiosidad hizo que la ciencia avanzara paso a paso hasta los grandes descubrimientos sobre el DNA del siglo pasado. Al fin y al cabo, lamentablemente vivimos en una sociedad que no tolera los resultados negativos ni los fallos, y sin ellos en ciencia es casi imposible llegar a la verdad.

Un comentario
  1. Fernando Cervera

    May 24, 2016 en 20:20

    Pues he de reconocer que yo no sabía quién era, y es por eso por lo que a pesar de ser uno de los editores de esta revista la leo día a día. ULÛM nunca deja de sorprenderme, y mientras eso dure el espíritu de esta revista estará en artículo como el tuyo.

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