UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

Gente que habla de experimentación animal sin saber de experimentación animal


Texto escrito por Fernando Cervera

Recientemente tuve una experiencia que me ha llevado a escribir este artículo: participar en un debate de radio sobre la experimentación animal. El motivo de ir al programa era que, después de varios años reuniendo datos, finalmente he escrito un libro sobre esa materia. Por ello y ante la propuesta de Antonio Rivera —director del programa— de acudir a la tertulia, me pareció una buena idea. El debate en cuestión fue junto a Angelo Fasce, doctorando en filosofía de la ciencia y autor del blog La venganza de Hipatia [1], donde también publicó un artículo posterior a ese debate con el título de Gente que defiende la experimentación animal como hooligans del West Ham [2]. Dejo el programa a continuación.

Programa A ciencia cierta, 09/02/2017

La tertulia

Durante el debate, mi contertulio defendió la siguiente postura: que no hay que prohibir la experimentación animal pero que es muy cuestionable su utilidad, ya que además existen alternativas que hoy en día no se utilizan. Por ejemplo; durante el debate Angelo defendió que los estudios para sacar fármacos al mercado se pueden hacer sin animales, por ejemplo con seres humanos, pero que no se hace porque es carísimo (minuto 45:44); que es dudoso que se pueda aplicar el conocimiento obtenido utilizando animales a humanos (minuto 42:40), que los cultivos celulares son una alternativa, por ejemplo, para ver cómo se transporta un fármaco en sangre o si se acumula en órganos (minuto 49:15); que hay estudios toxicológicos en los que utilizando animales no aparece un tumor, pero que en humanos sí, por ejemplo el caso del benceno, el arsénico o la fibra de vidrio (minuto 46:45) y que eso hace que utilizar animales para estudios de ese tipo no sea fiable. Ahora bien, ¿son todas esas cuestiones ciertas?

Hablando sin saber

En el texto posterior al debate, Angelo comenzaba el artículo con una anécdota muy curiosa:

Tenía una profesor que me daba neurobiología celular y molecular con el que siempre había un problema en clase: cuando nos daba datos nunca sabíamos si estaba hablando de ratas o de personas [...] Recuerdo que en el examen preguntó sobre neurogénesis y tuve que preguntarle ‘¿pero te refieres a humanos o a ratas?’ nosotros sólo tenemos neurogénesis en el giro dentado y no migran, mientras las ratas tienen también en la zona subventricular y las nuevas unidades migran para reponer bajas en el bulbo olfatorio. Era una situación muy curiosa ver a una persona que se ha pasado toda su vida investigando con ratas perder un poco la noción de las grandes diferencias que existen entre las especies animales.

Lo curioso de esta historia no está en el profesor, sino en el alumno. Y es que, a pesar de lo que dice en el texto, los humanos sí que tienen neurogénesis en la zona subventricular, y además las células neuronales humanas resultantes también tienen la capacidad de migrar. La neurogénesis en mamíferos está muy conservada evolutivamente, aunque también hay diferencias importantes en el cerebro humano adulto, en el cual aún no están claras algunas cosas [3 – 6]. Esto, por otro lado, no es un descubrimiento reciente, y yo mismo lo estudié en segundo de carrera hace diez años.

Lo importante no es si alguien se equivoca en un texto —yo me habré equivocado centenares de veces en mis artículos divulgativos—, sino que si vas a acusar públicamente a un neurobiólogo de perder la noción de conceptos básicos sobre su campo de estudio, más vale que te asegures de si el que está equivocado no eres tú, y mucho más si vas a utilizarlo como anécdota introductoria de la ignorancia ajena para hablar de gente que, supuestamente, defiende la experimentación animal sin argumentos razonables y como un hooligan. Vamos, que si vas a jugar la carta de ser el que más sabe de la clase, valdría la pena que fuera cierto.

Extrapolación a humanos 

Uno de los argumentos defendidos durante el debate fue que es dudoso que se pueda aplicar a humanos el conocimiento obtenido utilizando animales. Ahora bien, con esa frase partimos de una proposición que puede llevar a error, ya que la experimentación animal, en primer lugar, no siempre busca una aplicación en humanos. De hecho, la gran mayoría de investigación básica se hace con otras finalidades. A continuación dejo una gráfica que he realizado con el porcentaje de animales vertebrados utilizados en investigación científica en orden creciente y según su uso en España para el año 2013 [7].

Podemos ver de forma clara que la mayoría de investigaciones no buscan una aplicación en humanos, y solo el 19,02% tendrían esa finalidad —también podríamos incluir parte de las investigaciones toxicológicas, pero habría que eliminar las que van destinadas a usos veterinarios—. Respecto al apartado de investigación básica en biología, vemos que ocupa el 52,4%, y se refiere a estudios de genética, biología del desarrollo, embriología, fisiología, neurolobiología, etc, los cuales nos permiten ampliar el conocimiento básico sobre materias muy dispares, pero no buscan una aplicación en humanos.

Ahora bien, dejando de lado que no toda la experimentación animal busca su aplicación en nuestra especie, sí que hay una parte de los experimentos que lo hacen, así que, ¿es cierto que su aplicación es dudosa? Aquí habría que matizar una cuestión: del mismo modo que hay casos de buena y mala praxis en cualquier profesión, hay casos de buena ciencia y mala ciencia. Ahora bien, los científicos que hacen experimentación animal saben, por lo general, qué terreno pisan: en todos los años que llevo ejerciendo de biólogo y en contacto con personal de laboratorio —por mi trabajo lo hago casi a diario— jamás me he encontrado a alguien que experimente con animales y que pensara que la experimentación animal es una panacea que permite una aplicación directa en humanos, tal cual propone Angelo en su texto. De hecho, ese es uno de los pánicos recurrentes en muchos investigadores: que lo que puede funcionar en tu modelo puede que no funcione en el siguiente modelo, o en humanos. Pero aquí entramos en una cuestión elemental: la experimentación animal no ofrece fiabilidad al 100% y depende de cada caso y de cada área de estudio, pero no hay una alternativa mejor (más adelante explicaré las alternativas defendidas durante el debate), así que podemos elegir entre un modelo que no es perfecto o la nada.

Pero todo esto nos lleva a otro punto: si la mayoría de la investigación con animales no tiene por finalidad su aplicación en humanos, ¿son necesarias el resto de investigaciones?

Lo necesario

Después de nuestra tertulia, Angelo Fasce publicó en su blog un texto sobre la materia de debate, y ahora me gustaría analizar otra de sus afirmaciones:

Por ello, ten cuidado con lo que es necesario y con lo que no. La investigación animal en la que hay sufrimiento sólo es defendible cuando es pertinente y necesaria, y hasta cierto punto y no, hacer currículum no es una razón válida. Y tampoco hace falta que te pongas en plan reaccionario o conservador: a veces hay alternativas.

¿Es necesario investigar cuando la finalidad no es salvar seres humanos u obtener una aplicación directa sobre nuestra especie? La respuesta es compleja y depende de la moral individual, ya que aunque algo pueda hacerse no significa que deba hacerse. Ahora bien, lo que no podemos hacer es ser hipócritas: comer jamón serrano, una hamburguesa o un filete causa más muertes de animales que los usados en experimentación animal —según cifras muy conservadoras, cada año se sacrifican de forma directa 200 000 millones de animales para consumir su carne, y el número mundial de animales utilizados en experimentación supondría el 0,06% de esa cantidad—. Y quien diga que la alimentación es un tema diferente porque nuestra vida depende de ello, tiene que saber que no es verdad: la OMS declara con asiduidad que el consumo de carne en el mundo desarrollado está muy por encima del saludable, y de hecho podríamos tener una vida más sana con una alimentación vegetariana en su mayor parte. Así que, ¿por qué comemos carne?, porque nos gusta. Y tal vez te preguntes, ¿qué tiene todo esto que ver con la experimentación animal?, ¿cambia en algo el consumo de carne la moralidad de la investigación científica? No, pero es muy fácil que como sociedad critiquemos la experimentación animal mientras comemos bocadillos de lomo y miramos a otro lado. Aquí hay un factor moral claro que está ligado a ambas cuestiones, a saber, ¿vale la vida de un animal lo mismo que la de un humano?, ¿es justificable utilizar animales para fines humanos?, ¿existen diferencias entre comer animales y experimentar con ellos? Cada cual puede dar la respuesta que quiera, pero “lo necesario” no puede ser el motor de una decisión, a no ser que comencemos a aplicar ese mismo criterio al resto de cuestiones relacionadas con el bienestar animal —comer carne, por ejemplo, no es necesario en la mayoría de casos—, y lo que no se puede hacer es dar datos falsos o informaciones parciales. Sí, es cierto que porque algo pueda hacerse no significa que deba hacerse, pero eso es una respuesta que debe dar cada cual después de saber todos los datos disponibles. Y es aquí donde entramos de lleno en la cuestión técnica de nuevo, ¿es necesaria la experimentación animal para ampliar el conocimiento?, ¿existen alternativas mas éticas a la experimentación animal?

Alternativa a la experimentación animal farmacológica: utilizar humanos 

Una de las alternativas defendidas durante el debate fue que los estudios farmacológicos se podrían hacer en humanos en vez de hacerlo en animales, ya que de todos modos al final hay que probar los fármacos en personas, así que, ¿por qué no saltarse los animales y alargar la experimentación con humanos?

Si prescindiéramos de los estudios preclínicos con animales, estaríamos perdiendo información que hace que los estudios con humanos sean más seguros, por ejemplo las dosis adecuadas. Podríamos probar diferentes dosis a ver qué pasa (es lo que se hace con animales) pero entonces un grupo de pacientes moriría casi de manera inevitable, ya que no sabríamos las dosis letales de un fármaco antes de dárselo (un medicamento por debajo de una dosis efectiva no curará al paciente, y si está por encima puede causarle la muerte).

Los estudios preclínicos de un fármaco comprenden todas aquellas pruebas que se hacen antes de aplicar un medicamento a humanos. Pero aquí hay una cuestión elemental, ¿pretenden esos estudios determinar si el fármaco funciona? No, lo que se persigue es conocer cómo actúa sobre el organismo a nivel general y si puede entrañar riesgos para la salud o graves efectos secundarios. Con el uso de animales se pretende responder a preguntas como de qué modo se absorbe y transporta el fármaco, cómo es degradado por el cuerpo y con qué rapidez, qué células y órganos intervienen, cuales son las vías de administración más eficientes o qué dosis son letales. Ahora bien, tal cual indicaba Angelo en otro momento de la tertulia, los resultados no siempre son extrapolables, pero aunque esa afirmación es real, también es parcial y reduccionista: la respuesta es que obviamente un fármaco no va a tener el mismo efecto final en animales que en humanos, pero la realidad es que para las cuestiones de la fase preclínica que hemos enumerado antes, son muy raras la ocasiones donde el resultado no es útil y extrapolable.

Pero hagamos un supuesto mental: utilizamos un modelo animal para un fármaco que da un falso negativo y decidimos que es seguro para utilizarse en humanos, se lo damos a un grupo de personas voluntarias en un experimento y unos cuantos mueren por error. Esa situación, aunque rara, puede ocurrir. ¿Qué podemos sacar de todo esto? Que los estudios con animales permiten eliminar muchísimas sustancias peligrosas antes de ser usadas en humanos, pero unas pocas son peligrosas y pasan el filtro, lo que podría ocasionar problemas en la primera fase de experimentación con humanos. Ahora bien, ¿realmente se puede considerar como alternativa a un filtro que no funciona al 100%, eliminar ese filtro y no poner nada en su lugar? Porque si la alternativa a usar animales es no usar animales, entonces no es una alternativa: estamos renunciando a algo que solo se puede obtener mediante la experimentación animal, como los estudios previos de toxicidad, los análisis de transporte sanguíneo, los estudios de dosis letal, y otras muchas cuestiones importantes.

Alternativas a la experimentación animal: cultivos celulares 

El uso de células en cultivos también se propone desde muchos ámbitos como alternativa al uso de animales, y el debate del otro día no fue una excepción. Esta técnica consiste en coger unas cuantas células, ponerlas en una sopa nutritiva y dejar que se reproduzcan. Al final se tiene un cultivo de muchas células sobre el cual se puede experimentar, pero ¿es útil para sustituir el uso de animales?

Solo alguien que no sabe cómo funciona la experimentación biológica puede defender que los cultivos celulares son una alternativa a la experimentación animal, pues para realizar esos cultivos muchas veces hay que sacrificar seres vivos, ya que las células tienen que salir de alguna parte. De hecho y por poner un ejemplo, en Alemania se utilizaron 590 254 animales en el año 2005 para hacer cultivos celulares, frente al total de 1 822 424 individuos utilizados en investigación directa, lo cual supone un 32,4% de la cifra de animales usados de forma directa [8]. Ahora bien, algunas lineas celulares que se utilizan no requieren del uso de animales, ya que son células tumorales que se pueden reproducir de forma indefinida, pero la realidad es que cuando se utilizan animales es porque con los cultivos no es suficiente: ¿cómo estudiar la absorción de un fármaco en el intestino?, ¿cómo ver si produce toxicidad en cualquiera de los tipos celulares del organismo?, ¿y qué hay del transporte sanguíneo? Estos son unos pocos ejemplos de las centenares de cosas que no se pueden hacer en un cultivo de células, ya sean humanas o animales. De hecho, cuando se puede utilizar cultivos celulares se hace sin dudarlo, porque entre otras cosas son baratos y más estables que un animal vivo. Es decir, no se puede considerar esta práctica como una alternativa, a pesar de que los cultivos de células son realmente importantes en muchas investigaciones científicas y se llevan usando desde hace décadas, pero hay que saber distinguir entre que algo se utilice ya en los laboratorios, a que sea una alternativa al uso de animales, cosa que no es verdad.

El benceno y la investigación toxicológica

Otro de los argumentos técnicos ofrecidos en el debate fue que hay casos en los que utilizando animales aparece un tumor, pero en humanos no ocurre así. Por ejemplo, Angelo mencionó el caso del benceno, el arsénico y el amianto. De hecho, en el artículo posterior al debate, escribió lo siguiente:

Otro caso es el del benceno muy parecido, por cierto, al del arsénico y el amianto. Sabemos al menos desde finales de los años 20′ que el benceno causa cáncer en el ser humano gracias a estudios epidemiológicos bastante sólidos, pero, sin embargo, el producto se comercializó durante al menos 40 años porque se confiaba demasiado en unos modelos animales en los que los resultados eran falsos negativos continuos. La industria, por supuesto, utilizó estos datos para defender sus intereses hasta que en 1979 [9] por fin se consiguió generar un tumor en animales, aunque tuvieron que pasar años para que la industria del benceno se quedara sin argumentos y aún así la prohibición resultó controvertida. Nuevamente teniendo datos muy fiables en humanos y un montón de epidemiólogos tirándose de los pelos durante décadas. Lo curioso es que cuando uno lee las reconstrucciones de la historia [10] del benceno no se encuentra ni una sola autocrítica o puesta en entredicho del dogma de los modelos animales.

Analicemos un momento ese texto. En primer lugar, si tuviéramos que hacer caso a lo que nos cuenta su autor, los modelos animales fallaron a la hora de detectar tumores producidos por benceno en animales, cuando se sabía desde hacía 60 años que ese compuesto ocasionaba tumores en humanos. Además, también se dice que esos falsos negativos fueron aprovechados por la industria, que defendía los experimentos con animales como prueba, y que eso ocasionó un grave problema de salud pública. Si esto fuera cierto sería un caso terrible. Ahora bien, el problema es que es falso. Es más, lo más gracioso del asunto es que para darse cuenta solo hay que leer los textos que nos da el autor como referencias [9, 10].

Que el benceno producía tumores era algo que se conocía desde el primer caso reportado en humanos por Delore y Borgomano en 1928, y durante décadas hubo evidencias de ello. Eso debería haber sido suficiente, pero estamos hablando del año 1928 y las regulaciones medioambientales eran negligentes en el mejor de los casos, o inexistentes en el peor. A la industria del benceno le interesaba seguir vendiendo productos, así que promovió ensayos con animales mal diseñados a propósito, con pocos animales, sin uso de animales control (animales a los que no se les aplica benceno para ver qué sucede en comparación con el otro grupo), exposiciones de baja y corta duración pensados para no detectar el efecto tóxico, o solo buscar leucemias y no cualquier tipo de cáncer [10]. Ahora bien, eso no tiene nada que ver con si la experimentación animal funciona o no: es un caso de un fraude llevado a cabo por un grupo de empresas, del mismo modo que la investigación epidemiológica no tiene la culpa de que Andrew Wakefield tergiversara datos para inventarse que las vacunas producían autismo en humanos. Pero volviendo al tema de la experimentación animal, la primera referencia que nos da Angelo tiene la clave del asunto: tal cual indica, se trata del primer experimento sistemático, con controles, un número de muestras alto y diseñado para detectar cualquier tipo de tumor y determinar, de forma independiente a lo alegado por la industria del benceno, si el compuesto era cancerígeno. ¿Y sabes cual fue el resultado? Que efectivamente, sí que producía cáncer.

El estudio que paradójicamente cita Angelo fue llevado a cabo en 1979 por Cesare Maltoni, que de hecho fue el director del Instituto de Oncología de Bolonia y uno de los pioneros del estudio de cancerígenos usando roedores —a lo largo de veinticinco años de experimentos, demostró experimentalmente la carcinogenicidad, entre otros, del benceno, el amianto, los clorofluorocarbonos, el formaldehído, el tricloroetileno o el MTBE, y ayudó a que se regulara su uso—. Así que hasta 1979 no se habían hecho estudios reales, independientes y sistemáticos utilizando benceno en animales, pero, ¿qué pasó cuando Maltoni presentó su estudio y demostró que se producían tumores? Como nos cuenta la segunda referencia que Angelo nos ofrece, que la industria utilizó el argumento de que los tumores detectados por Maltoni estaban en las glándulas sebaceas del canal auditivo de las ratas, y que como esas células son vestigiales en humanos, los resultados no eran aplicables a nuestra especie porque somos demasiado diferentes [11], es decir, el mismo argumento defendido por Angelo en el debate. Por suerte y a pesar de que en la tertulia dijo que los estudios usando benceno en animales no producen tumores, la realidad es bien diferente, y Maltoni pudo presentar más estudios en otros tejidos y para muchos tipos diferentes de cáncer [12-17]. Es decir, cuando se hacen estudios para el benceno utilizando animales, ¿se obtienen los resultados esperados en humanos? Sí, es así de simple. Podemos debatir si las autoridades sanitarias actuaron mal al no hacer caso de la evidencia que se sabía desde hacía décadas en humanos, pero desde luego que la experimentación animal no tiene la culpa, en todo caso la industria del benceno al orquestar un fraude en el que atacó los estudios toxicológicos en animales con argumentos en contra de la experimentación animal. 

Y, ¿qué ocurre para el resto de compuestos citados por Angelo en el debate y en su artículo? Más de lo mismo. En cuanto al amianto, ya en 1976 se vio que la ingesta de amianto por parte de ratas aumentaba la incidencia de carcinoma renal[18], y el mismo Cesare Maltoni publicó un estudio muy importante relacionando el amianto y el desarrollo de cáncer en roedores [19]. Y es importante remarcar que esos fueron los estudios pioneros en la cuestión de la toxicidad del amianto. Ahora bien, en este caso, sabiendo que los efectos de este compuesto suelen tardar diez años en aparecer en humanos, hay que hacer bien los experimentos y aplicar los controles adecuados: en un día de exposición no vas a detectar nada a no ser que hagas estudios moleculares, como por ejemplo en el artículo que demostró en 1993, y utilizando roedores, que las fibras de amianto en los pulmones ejercen efectos reguladores que causan la activación de varios proto oncogenes, como el c-fos y c-jun [20]. Por otro lado, Angelo también argumenta que el arsénico tampoco produce cáncer en modelos animales, pero para no alargarlo más, aquí dejó una revisión histórica del asunto con más de veinte experimentos diferentes donde se demuestra que el arsénico produce cáncer en los estudios de toxicidad en ratones y en otros modelos animales [21].

Creo que el peso de la evidencia y los estudios son claros, y de hecho, un tercio de los productos cancerígenos que se conocen han sido, en primer lugar, detectados usando animales [10]. No obstante, por si aún no ha quedado claro, citaré las conclusiones del mismo artículo que utiliza Angelo en sus referencias para argumentar que la experimentación animal tiene una utilidad muy baja en este tipo de estudios.

Los claros hallazgos de cáncer en animales resultantes de las exposiciones al benceno (y al arsénico) y a otros carcinógenos humanos conocidos que se han ensayado en animales, confirman y validan una vez más el valor de los experimentos en animales a largo plazo para la identificación de posibles riesgos de cáncer en seres humanos. Las industrias tienen estrategias muy conocidas para negar los resultados de los ensayos con animales: plantear que los mecanismos (o "modos de acción") de la carcinogénesis en los animales son únicos y, por tanto, no son relevantes para los seres humanos. Curiosamente, la mayoría de estas afirmaciones se basan en suposiciones y no en datos sobre el mecanismo exacto en los animales, o la falta de ese conocimiento en los seres humanos.

La industria del tabaco —al igual que la industria del plomo o del benceno—, manipularon durante muchos años estudios, tanto epidemiológicos como con modelos animales, siendo en la mayoría de casos estudios inexistentes o únicamente dirigidos a eliminar la evidencia en su contra, o incluso justificar que el plomo o el tabaco eran saludables. ¿Quiere decir eso que los estudios epidemiológicos en humanos y la experimentación animal con fines toxicológicos no funcionan? No, sencillamente se trata de un fraude intencionado, y si uno selecciona la historia que quiere, la tergiversa y además se documenta mal, puede llegar a afirmar que los estudios toxicológicos en animales no funcionan a pesar de que sus referencias digan lo contrario.

Conclusión

Durante el debate se llegó a decir que la utilidad de la experimentación animal es muy primaria y solo para cosas básicas a nivel biológico (minuto 49:40) y que la ciencia de vanguardia es experimentar con humanos ya que hay una burbuja de publicaciones con ratas (minuto 52:50). Es más, se decía que la unión europea ha prohibido el uso de chimpacés en experimentación, no por cuestiones éticas, sino por metodológicas, ya que los resultados no son extrapolables a humanos incluso en animales tan parecidos a nosotros como los simios (minuto 53:10  y minuto 55:50).

Tal cual hemos visto, la utilidad de la experimentación animal no es primaria, sino que es imprescindible para el avance de la biología aplicada y de la ciencia básica. Solo alguien que no conoce lo que se hace en los laboratorios de investigación biológica puede afirmar lo contrario, y de hecho, al analizar las fuentes citadas por Angelo Fasce, se ve que la biología del desarrollo, la neurobiología y la genética (por citar tres ramas) se verían frenadas para siempre sin poder usar animales de laboratorio, es así de simple. Podemos entrar a valorar si es éticamente correcto o no, pero el debate no es técnico, tal cual defiende mucha gente desde el desconocimiento.

De hecho, la última de las afirmaciones hechas por Angelo, a saber, que la experimentación con chimpacés no está prohibida por motivos éticos, sino por motivos técnicos, es falsa. En primer lugar no está prohibida, sino altamente regulada, y en segundo lugar, está tan regulada por motivos éticos, ya que a pesar de lo que dice Angelo, la mayoría de investigación aplicada se puede hacer en ratas de laboratorio, así que, ¿por qué utilizar chimpancés en lugar de organismos menos complejos a nivel mental y con menor capacidad de sufrimiento psicológico? Y es que la mayoría de científicos son los primeros que entienden que no todo se puede hacer a cualquier precio. De hecho, a pesar de que la declaración europea dice que, efectivamente, lo que funciona en un primate no tiene por qué funcionar en un humano (nadie propone lo contrario), lo que también dice es que los primates no humanos se tienen que utilizar solo en circunstancias excepcionales en las que no se dispone de métodos alternativos y ninguna otra especie puede ser suficiente para los fines de la investigación. ¿El motivo?, que tienen mayor capacidad de sufrimiento psicológico, tal cual recoge la declaración. Así que cuando uno presenta su experimento ante un comité ético para ver si se le permite seguir adelante, si uno presenta un experimento con primates pero que se puede hacer con roedores, el comité no aceptará el experimento. Es decir, que en contra de lo afirmado por Angelo Fasce durante la tertulia, el motivo de regular estrictamente la experimentación con primates no es porque no nos parezcamos a ellos lo suficiente, sino porque nos parecemos mucho a otros animales como los roedores y no es imprescindible usar primates en la mayoría de casos. Ahora bien, también se reconoce que muchos campos de investigación, tales como enfermedades inmunológicas (por ejemplo la esclerosis múltiple), trastornos neurodegenerativos (Parkinson, Alzheimer, etc.), enfermedades infecciosas (sida, malaria, tuberculosis, hepatitis, SARS, etc.) y otras enfermedades graves, requieren de forma inevitable el uso de primates no humanos durante el desarrollo, la producción o la prueba de vacunas y los medicamentos relacionados [22].

Ahora bien, lo más importante sobre esta historia es que una persona que ejerce de comunicador científico tiene la obligación moral de documentarse, sobre todo en cuestiones complejas donde la desinformación puede detener investigaciones de las que depende la vida de mucha gente y el avance del conocimiento científico. Uno puede cometer errores —yo soy el primero en hacerlo— pero el problema ocurre cuando la osadía y la excesiva confianza injustificada nos mete en callejones sin salida, y llegamos a argumentar la ignorancia ajena desde la ignorancia propia, y a señalar con un dedo acusador a un elevado grupo de investigadores que han dedicado su vida a un campo de estudio tan complejo. Porque recordemos que en temas científicos nada es sagrado y la crítica debe ser bien recibida, pero si vas a criticar de forma dura y pública, la humildad y la documentación veraz deberán ir cogidas de la mano. Este, por desgracia, no ha sido el caso.

Referencias

[1] La venganza de Hipatia

[2] Artículo sobre experimentación animal – La venganza de Hipatia

[3] Neurogénesis en humanos

[4] Neurogénesis en humanos II

[5] Neurogénesis en humanos III

[6] Neurogénesis en humanos IV

[7] Animales  utilizados  en investigación científica en  2013. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

[8] Report of the Numbers of Animals Used in Experimentation in 2005. German Federal Ministry of Consumer Health, Nutrition and Agriculture. 2006.

[9] Benceno, primera evaluación en ratones

[10] Historia de los experimentos sobre el benceno

[11] Huff J. Applicability to humans of “rodent-specific sites” of chemical carcinogenicity: tumors of the forestomach and of the harderian, preputial, and zymbal glands induced by benzene. J Occup Med Toxicol.

[12] Maltoni C, Conti B, Scarnato C. Squamous cell carcinomas of the oral cavity in Sprague-Dawley rats, following exposure to benzene by ingestion. First experimental demonstration. Med Lav. 1982;73:441–5.

[13] Maltoni C, Cotti G, Valgimigli L, Mandrioli A. Hepatocarcinomas in Sprague-Dawley rats, following exposure to benzene by inhalation. First experimental demonstration. Med Lav. 1982;73:446–50.

[14] Maltoni C, Conti B, Cotti G. Benzene: a multipotential carcinogen. Results of long-term bioassays performed at the Bologna Institute of Oncology. Am J Ind Med. 1983;589:630.

[15] Maltoni C, Conti B, Cotti G, Belpoggi F. Experimental studies on benzene carcinogenicity at the Bologna Institute of Oncology: current results and ongoing research. Am J Ind Med. 1985;7(5-6):415–46.

[16] Maltoni C, Conti B, Perino G, Di Maio V. Further evidence of benzene carcinogenicity. Results on Wistar rats and Swiss mice treated by ingestion. Ann NY Acad Sci. 1988;534:412–26.

[17] Maltoni C, Ciliberti A, Cotti G, Conti B, Belpoggi F. Benzene, an experimental multipotential carcinogen: results of the longterm bioassays performed at the Bologna Institute of Oncology. Environ Health Perspect.

[18] Gibel W, Lohs K, Horn KH, et al. Experimental study on cancerogenic activity of asbestos filters. Arch Geschwulstforsch 1976; 46:437-442.

[19] Artículo amianto

[20] Artículo amianto – biología molecular

[21] Experimentos sobre el arsénico

[22] Declaración europea

Notas del editor

En el debate, en el minuto 46:45, hay un error en el orden de los ejemplos, y el caso del benceno, el arsénico o la fibra de vidrio se citan como falsos positivos. No obstante, como en el texto posterior el autor del comentario catalogó los ejemplos de forma clara como falsos negativos, es el valor que se ha tomado en este texto.

5 comentarios
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  2. Ferran

    March 27, 2017 en 15:35

    El texto está muy bien argumentado. Dan ganas de leerse tu libro sobre el tema.

    Responder
  3. BAAAAH

    April 1, 2017 en 14:40

    PERO a ver.
    HABER.
    El debate está en LO ÉTICO o no que es experimentar con animales.
    Sí te gusta MATAR o TORTURAR, sea lo que sea, eres un psicópata y hay menos diferencia entre tú y Mengele y un ser humano que no experimenta con animales y tú.

    Responder
    • Fernando Cervera

      April 1, 2017 en 15:47

      Ni me gusta matar, ni torturar animales. Creo que debe leer mejor el texto que he escrito. Un saludo.

      Responder
  4. Armand

    April 5, 2017 en 15:04

    He mirado el artículo del filósofo y he escuchado el programa de radio. Es curioso ver que a pesar de la contestación tan pobre que ha dado a este artículo, y de que en el programa se ve a la legua que no sabe de qué está hablando, por ejemplo los tres casos que cita de falsos negativos son mentira, el tío coge y en su artículo ha modificado algunas palabras para que no pareciera que estaba diciendo que el benceno había dado un falso negativo. Me he dado cuanta al ver que habéis puesto su artículo original en webarchive, y que hay diferencias con el que tiene colgado ahora. Y su último artículo es una vergüenza, un ataque personal continuo. Yo no sé que le pasa a alguna gente o qué se les pasa por la cabeza, pero la respuesta que ha dado a este artículo ha estado al nivel de Sálvame.

    Responder

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