UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

Falacias lógicas, parte I


Texto escrito por Dani Martínez

Discutir es un arte, y no todos lo saben hacer bien. Yo tampoco, que conste. Además, el término discutir tiene alguna extensión en nuestro idioma que no es la que realmente debería ser. Cuando digo discutir, seguramente a muchos de vosotros os suene lo de estar frente a una o más personas y empezar a gritarse por algún asunto. Sin embargo eso es incorrecto. Según la RAE:

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Vamos, lo que viene siendo elaborar respuestas de una manera lógica, sin exaltarse, y con un orden al que no nos tienen acostumbrados ni los programas de televisión. Ni siquiera la mayoría de los debates de los políticos, en teoría gente formada y con capacidad argumentativa.

Como decía, discutir no es fácil. Quizá, aquello que estamos discutiendo supera nuestras capacidades y aun siendo cierto no podamos defenderlo por falta de argumentos. O quizá puede que estemos equivocados, e intentemos defender nuestra postura de alguna forma que nos suena bien pero que realmente no lo está. Y ya sabemos lo difícil que resulta dar el brazo a torcer en una discusión, a nadie le gusta admitir, al menos al principio, que estaba equivocado.

Es en ese segundo tipo de suceso en lo que nos vamos a centrar: cuando estamos defendiendo algo por los medios equivocados. A eso se le denomina también falacia lógica o argumentativa. Una falacia de este tipo es algo que nos suena bien a priori pero que, como argumento, hace aguas. Ojo, que puede que estemos en lo cierto, y también puede que no. Lo que falla en este tipo de argumentos no son las premisas ni la finalidad, sino la forma en la que se defiende algo, y para ello vamos a intentar definir unas cuantas falacias para que las podáis identificar cuando estéis discutiendo con alguien, ya sea por vuestra parte o por la suya. Empecemos.

Apelación a la autoridad (Argumentum ad verecundiam)

Navegando por los inmensos mares del internet uno puede encontrar fácilmente frases como:

“Pues el VIH no existe. Kary Mullis es Premio Nobel y dice que no existe”

“La vacuna triple vírica produce autismo, que lo dice Jim Carrey entre otros famosos”

Y muchas más que puedes encontrar fácilmente. Este argumento se basa en que tal o cual persona lo ha dicho, y por lo tanto debe ser cierto. Se apela a la autoridad de la persona (por ser científico, famoso o reptiliano) para dar veracidad a un supuesto, lo cual es inválido como argumento. Parafraseando a Feynman, un científico puede ser igual de estúpido que el tipo de al lado cuando se habla de otros temas.

Apelación a la autoridad anónima

Imagínate que estás tan tranquilo, leyendo tu revista favorita en un cálido día de invierno como los que nos está tocando pasar, y de pronto ves que un anuncio, muy a la vista, que reza algo como lo siguiente:

“Expertos mundiales y médicos recomiendan que usted se proteja de los rayos ganimedianos con nuestro traje NoMoreRadiation®, de la empresa Hijo de las Estrellas TM.”

O también:

“Hay muchos expertos que dicen que tomar vitamina C ayuda al organismo a tener menos constipados.”

Podría parecer algo serio, pero si nos paramos a meditar un poco podemos pensar, “¿y qué expertos han dicho tal cosa?” Efectivamente, no se sabe. Es decir, que además de incurrir en la anterior falacia, ahora ni siquiera sabemos quiénes son esos supuestos expertos.

Apelación a la ignorancia (Argumentum ad ignorantiam)

Mientras estábamos leyendo nuestra revista de antes, ahora nos tocan a la puerta unos simpáticos testigos de Jehová. Nosotros, que no creemos en estas cosas pero que los respetamos, intentamos decirles, educadamente, que no creemos en su dios. Ellos, parcialmente sorprendidos de nuestra frase, nos contestan con algo así:

“Ah, pues no se ha probado la inexistencia de Dios, por lo que sí que existe”

Es decir, que como no se ha probado que algo no pueda existir, por omisión debe existir. En tal caso, al no poder demostrar la no existencia de unicornios, una tetera mágica que orbita alrededor de Marte, o de un dragón invisible, ¡estos deben existir! Imagino que os daréis cuenta de lo absurdo de la situación.
El mismo caso ocurre a la inversa. Alguien puede decirte que como no se ha demostrado que algo existe, entonces ese algo no existe. Y mira, es un argumento que también se puede utilizar con las creencias religiosas: no se ha demostrado que Dios exista, ergo, no existe.  Sigue siendo un argumento inválido.

Apelación al Dinero

Después de este curioso suceso, volvemos a nuestro ordenador puesto que nos queremos comprar, finalmente, el traje contra la radiación ganimediana, no vaya a ser que seamos abducidos en cualquier momento. Así que nos ponemos a mirar la web de Amazon o la de Ebay en busca de modelos y vemos que hay unos más caros que otros. Anonadados ante tanta diversidad de trajes frente a esta radiación desconocida, decidimos buscar en internet cuál es el mejor, y nos encontramos frases como esta:

“Pues el modelo 34b_ertqw.beta es mejor porque cuesta más que los otros”

Es un argumento típico, sobre todo de gente que compra artículos sin reparar en sus características y solo en su precio. Pero, en definitiva, es falso. No por ser más caro va a ser mejor que otros, o simplemente, puede que no se ajuste a lo que estamos buscando. Muchas veces se paga más la marca que el producto, es algo de sobra conocido.

Apelación a la novedad

Mientras buscamos información sobre los trajes, nos salta una actualización a nuestro teléfono. Por fin está la nueva versión del sistema operativo, así que habrá que descargarla, que seguro que es mejor que la que tenemos.

Error. La novedad de algo no tiene por qué significar que eso sea mejor que lo anterior. En este ejemplo de informática además está bien contrastado, desde hace tiempo, cada nueva versión mayor de los sistemas operativos para móviles (iOS y Android) suele ir acompañada de una actualización a los pocos días para solucionar numerosos errores que provocaban. Viéndolo de esta manera, la versión anterior funcionaba mejor que la nueva en cuanto a estabilidad.
De todas formas, hay numerosos ejemplos que refutan este tipo de falacia. Por ejemplo, una nueva ley no ha de ser mejor que la anterior. O un libro sobre cualquier tema no tiene que ser mejor precisamente por ser nuevo.

Apelación a la creencia popular (Argumentum ad populum)

Una vez pasado el bache de la actualización, nos damos un pequeño respiro y visitamos un poco la página de Facebook, para relajarnos un rato. En una de esas, vemos en nuestro muro una imagen que dice algo así:

“El bicarbonato sódico y el limón es 10000 veces más potente que la quimioterapia para curar el cáncer”

Y además vemos que la imagen tiene en torno al millón de “Likes”. Uno podría caer en la tentación de pensar, “Uy, si tanta gente lo acepta, ¡debe ser cierto!” Pues no, eso no es así. El hecho de que mucha gente crea algo no significa que sea cierto. ¿Os acordáis de eso que he comentado que la vitamina C cura el constipado? Pues es mentira, y durante muchos años ha sido una de las creencias populares más extendidas en cuanto a salud. Que muchas personas crean que algo es cierto no lo convierte en verdad.

¡Y hasta aquí esta primera entrega! Porque aún quedan muchas falacias más que discutir, pero eso será próximamente.

PD: aquí tenéis los enlaces a las otras entradas

Parte II
Parte III
Parte IV
Parte V
Parte VI

8 comentarios
  1. Ecostyle

    January 14, 2015 en 18:15

    Gracias por este fantástico artículo que has escrito. ¿Dónde más podría haber encontrado esta información con una manera tan perfecta de escribir? Tengo una presentación la próxima semana, y estaba buscando justamente esta información.

    Responder
  2. z1

    January 19, 2015 en 05:12

    Igual una falacia de autoridad sería:

    “James randi dice que la homeopatía no funciona”

    Responder
    • Daniel Martinez

      January 19, 2015 en 08:35

      Efectivamente, veo que lo vas cogiendo. Es un argumento falaz, pero es algo que nunca hemos dicho aquí. 😉

      Responder
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