UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

El rayo verde


Texto escrito por Maria Salvador. Texto original en catalán en este enlace

Coges un lápiz verde y cerca del punto donde se ha escondido el sol, un sol imaginario de un dibujo anterior, cuando tú mirabas el mar y dibujabas lo que quedaba del día, pintas una línea verde más gruesa en el centro hasta difuminarla en los extremos de la hoja. Dibujas lo que no has visto pero sabes que existe, y que a pesar de lo que escribió Jules Verne y el director Éric Rohmer recoge en la película Le rayon verte [1], no es tan difícil de observar.

Delphine, la protagonista aburrida y solitaria de la película de Rohmer, espera que cuando encuentre al hombre indicado, verán los dos aquel rayo novelesco y sus sentimientos serán visibles, como cuando la luz pasa por el prisma [2], o el prisma que es el cielo, y los colores escondidos se pueden identificar. La protagonista del libro de Verne [3], en cambio, enamorada, deja pasar aquel destello por unos ojos que se revelan, justo en ese momento, como los del amor: «Cuando el sol disparaba el último rayo en el espacio, sus ojos se encontraron, y en esa mirada, olvidarán todo lo demás. Pero Helena captó el brillante rayo negro, que eran los ojos del hombre joven, y Oliver el rayo azul que irradiaban los ojos de ella». Como podéis ver, es la novela más romántica del escritor francés.

Ante el mar, para que la estampa sea más bonita y porque en la ciudad difícilmente los edificios nos dejan ver el horizonte, y bajo una atmósfera transparente, es más probable que este color verde aparezca. Lo que ocurre en el cielo siempre se ha interpretado de muchas formas; los fenómenos que suceden encima de nuestras cabezas nos interesan demasiado como para no hacerlo: las auroras, los eclipses, el paso de los cometas.

Dejas el lápiz de color verde y miras el cielo. El azul se extiende por encima de nuestras cabezas. ¿Por qué la luz, que es blanca, toma este color? ¿Y por qué cambia a lo largo del día? A veces el cielo azul desaparece para transformarse en una bóveda rojiza o rosada y dejarnos boquiabiertos.

Newton descompuso la luz en rayos de diferentes colores cuando la hizo atravesar un prisma, y esto es lo mismo que observamos después de un día de lluvia, el famoso arco coloreado de rojo, naranja, amarillo, verde, celeste, azul y violeta. La luz blanca es una superposición de diferentes rayos de color. La desviación del rayo de luz solar en estos rayos de colores, denominados monocromáticos o puros, es diferente para cada uno y por eso los vemos separados. Cada línea coloreada toma una altura en el arco porque ha sido refractado [4], desviado, con un ángulo diferente. Imaginemos que el cielo es este prisma dispersivo [5]: las moléculas de los gases atmosféricos, el vapor de agua y las partículas de polvo que encuentra por el camino dispersan el rayo de luz que en el vacío había viajado sin que nada lo perturbara. La luz, que es una onda electromagnética, sufre el fenómeno de la refracción cuando pasa de un medio a otro (es decir, los rayos se curvan) pero, además, en la atmósfera, y en otros medios transparentes, se dispersa: debido a las irregularidades, algunos rayos se dispersan en todas las direcciones. Los rayos azules y violetas sufren una mayor dispersión mientras que los rojos y amarillos son poco desviados de su trayectoria original. Por eso el cielo es azul, porque ha sido más dispersado por las partículas, mientras que el rojo y el amarillo han viajado de forma más directa desde el Sol. Si la Tierra no tuviera atmósfera, el cielo sería negro [6] (aunque nosotros, sin atmósfera, no estaríamos aquí para verlo).

Ahora volvemos al dibujo y pintamos un cielo azul, de este rayo de color que ha zigzagueado hasta llenarlo todo. Aun así, era el rayo verde lo que queríamos pintar, una puesta de sol con el último destello del día.

Al atardecer [7], la luz tiene que atravesar una distancia mayor en la atmósfera —el tramo atmosférico es unas treinta veces el tramo que hay cuando el Sol está justo arriba de nosotros—, esto hace que la mayor parte de los rayos de luz que más se dispersan, el azul y el violeta, se pierdan; por eso cuando el Sol se esconde bajo el horizonte la imagen toma colores rojizos y anaranjados. ¿Y cuando aparece el verde? En condiciones atmosféricas normales no veríamos este verde que se ve desviado más intensamente y que quedaría como una especie de banda en la parte de arriba del Sol, mientras que  abajo quedarían las bandas de los rayos de color menos afectadas, como el amarillo o el rojo.

Para ver, a simple vista y con más probabilidades, el flash verde [8], necesitamos algo más que esta refracción diferente de los rayos de luz. Necesitamos que se produzca el fenómeno del espejismo [9]:  consiste en la formación de una imagen invertida, de forma que el sol que vemos en la puesta, sería la imagen invertida del sol que veríamos sin este efecto. Podemos pensar en un espejo, aunque este fenómeno óptico no está causado por la reflexión, como cuando, al lado de un lago, nos reflejamos encima de la superficie de agua, sino por la refracción: hay una curvatura de los rayos en diferentes capas, causadas por un gradiente térmico a la atmósfera. Entonces se pueden ver los dos soles, el real y el invertido, y los dos pueden formar lo que se conoce con el nombre de vaso etrusco [10], nombre que le dio Verne, y que se parece a la letra omega. En el momento en que las dos imágenes se juntan, el diferente comportamiento de los rayos rojos y los verdes se hace más patente y esta pequeña diferencia en la refracción se magnifica. Un día en que hay una capa de aire caliente encima de la superficie del océano es más probable que podamos ver el rayo verde.

Pero, si el azul es el que más se desvía, ¿por qué no vemos el flash de color azulado? No lo vemos porque, como decíamos antes, las partículas de la atmósfera lo dispersan mucho y cómo la distancia es mayor, es más difícil verlo, aunque han conseguido fotografiarlo [11].

Entre leyendas y dudas sobre su existencia —algunos decían que era una ilusión óptica, un espejismo por la saturación de los conos de la retina, ojos cansados de mirar directamente el sol—, el rayo verde no sólo se puede ver en la puesta del sol, sino que también está asociado a la Luna y al brillo en el horizonte de los planetas Venus y Júpiter.

El dibujo se queda por terminar, y este año te propones ver el maldito rayo verde [12], que ni siquiera sabías que existía. Si esta primavera, un día claro sin nubes, te sientas ante el horizonte con un par de cervezas y embobado, observas de repente el rayo verde, el significado que le des ya será cosa tuya. Si como le ocurre a la protagonista solitaria y decepcionada de la película francesa acabará, con el rayo verde buscado como una epifanía, felizmente el cuento.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=sp7a2jYftp0

[2] http://www.webexhibits.org/causesofcolor/13B.html

[3] http://en.wikipedia.org/wiki/The_Green_Ray

[4] http://www-rohan.sdsu.edu/~aty/glossary.html#refraction

[5] http://spaceplace.nasa.gov/blue-sky/en/

[6] http://www.webexhibits.org/causesofcolor/14.html

[7] http://www.atoptics.co.uk/atoptics/sunsets.htm

[8] http://www.exo.net/~pauld/physics/atmospheric_optics/green_flash.html

[9] http://www.exo.net/~pauld/physics/atmospheric_optics/green_flash.html

[10] http://www.atoptics.co.uk/atoptics/sunmir2.htm

[11] http://www.exo.net/~pauld/physics/atmospheric_optics/green_flash.html

[12] https://www.youtube.com/watch?v=PHj1tvFJfgk

 

2 comentarios
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  2. Daniel

    May 25, 2015 en 07:56

    Parece que le has dedicado un gran esfuerzo
    a realizar este articulo y a mi me ha gustado mucho, por lo que me he animado a escribir
    para felicitarte.

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