UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

El otro George Washington: esclavo y botánico


Texto escrito por Fernando Cervera

George Washington Carver era negro, esclavo y homosexual. Si bien es cierto que sobre su orientación sexual se sabe muy poco, sus otras dos cualidades eran públicas y evidentes en el momento de su nacimiento. Y como en nuestra revista tenemos la costumbre de hablar de científicos con vidas apasionantes, no he querido dejar de contar la historia de un niño que fue cambiado por un caballo y que años más tarde se convertiría en el botánico aplicado más influyente de Estados Unidos.

Si algo podemos decir del año 1864 es que era una mala época para ser negro y nacer en Missouri, ya que la esclavitud aún no estaba abolida. Y allí, unos pocos años antes de esa fecha, fue donde Moses Carver compró a dos esclavos por 700$. Esas personas fueron Giles y Mary, los cuales tuvieron doce hijos que a su vez también pertenecían al señor Carver. La vida transcurría de la manera habitual hasta que algo terrible sucedió: pocos días después del nacimiento de George (el protagonista de nuestra historia), él, su madre y una hermana fueron secuestrados por vendedores de esclavos. Moses Carver, que era el dueño “legítimo” de los esclavos, contrató a varias personas para localizarlos y recuperarlos, pero para Mary y su hija fue demasiado tarde: si bien hay dudas sobre si fueron violadas, asesinadas o vendidas como esclavas, lo cierto es que su destino no fue agradable. En cambio, uno de los hombres contratados para localizarlos encontró al pequeño George, que se encontraba enfermo y próximo a la muerte. Moses Carver tuvo que hablar con los secuestradores y negoció la devolución del niño a cambio de un caballo de carreras. Una vez devuelto a casa y tras una larga recuperación, el joven esclavo creció en un ambiente más o menos normal para su época.

El presidente Abraham Lincoln declaró la libertad de todos los esclavos en el año 1863 mediante la Proclamación de Emancipación, es decir, un año antes de nacer George. No obstante es de señalar que en Missouri  no entró en vigor hasta el 1865, coincidiendo con el final de la Guerra Civil. Cuando Moses Carver y su esposa liberaron a sus esclavos decidieron adoptar legalmente a George y a uno de sus hermanos. Como sabían que en el mundo del futuro la educación lo era todo, intentaron que los niños —ahora con el apellido de su nueva familia— empezaran a estudiar.

Como los negros no podían asistir a la escuela de la ciudad (ahora eran libres pero no ciudadanos con plenos derechos) decidieron mandar a vivir al joven a 16 km de distancia. Allí había una nueva escuela que se había creado exclusivamente para alumnos afroamericanos. Cuando se presentó ante una de las profesoras como George de Carver, esta le corrigió: ya no perteneces a nadie, ahora eres George Carver. Había empezado la historia de un brillante estudiante.

A los trece años y con unos resultados académicos excelentes, nuestro joven liberto se había mudado para continuar sus estudios, pero se dio cuenta de que su nuevo hogar no era muy seguro tras los linchamientos de negros que estaban ocurriendo. Poco tiempo después decidió mudarse a Kansas para obtener un diploma de finalización de estudios, pero el siguiente paso no iba a ser fácil, ya que tras unos años en los que los afroamericanos habían tenido acceso a la educación básica, los más brillantes y valientes de todos ellos se enfrentaban ahora a un gran enemigo: el racista sistema universitario.

Nuestro futuro científico paso cinco años enviando cartas de motivación con su currículum académico a muchas universidades, y finalmente lo aceptaron en el Colegio Highland, pero al llegar se dieron cuenta de que lo habían confundido con otro George Carver, el cual obviamente no era negro. Allí mismo fue rechazado sin entrevista previa al ver que su tono de piel no era el adecuado.

Al darse por vencido decidió ir al condado de Ness, donde solicitó un terreno al gobierno para poder cultivar y además dedicarse a su pasión: conservar plantas y estudiar sus flores. George era un liberto sin ahorros así que no pudo permitirse comprar un animal para arar la tierra, así que él mismo lo hizo con sus manos y un legón hasta completar los 69.000 m2 que tenía su campo. Cultivó verduras, arroz, árboles frutales y también plantas ornamentales, y comenzó a dedicarse también al dibujo y la música. Después de tener muchos trabajos de tipo agrícola y a pesar del rechazo universitario, nuestro hombre tuvo de nuevo la necesidad de seguir aprendiendo, así que pidió un préstamo de 300 dólares para poder permitírselo. Finalmente en 1890 George empezó a estudiar arte y piano, pero una profesora del centro, al percatarse de su fuerte talento para pintar de forma descriptiva flores y plantas, le convenció para intentar ingresar otra vez en la universidad para estudiar botánica. Y lo hizo.

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George Washington con una de sus pinturas

Nuestro hombre fue el primer estudiante negro en ser admitido en la Universidad Estatal de Iowa, y allí trabajó en la Estación Experimental de Agricultura y Economía, donde completó con éxito sus trabajos experimentales sobre patología botánica y micológica. Una vez terminado su recorrido universitario en Iowa fue contratado por el Departamento de Investigación Agrícola de Tuskegee, muy cerca del lugar que muchos años más tarde se hizo tristemente famoso por sus experimentos ilegales con personas afroamericanas.

George Carver fue, ante todo, un hombre que tuvo que luchar siempre para tener acceso a la educación. Por otro lado también dedicó gran parte de su vida a la agricultura, así que nuestro botánico decidió hacer algo: diseñó una escuela móvil para poder llevar formación agrícola a los trabajadores negros y mejorar sus rendimientos. Entre sus principales objetivos estuvo compilar todos los usos existentes y proponer otros nuevos para el cacahuete, la batata, las nueces y otros muchos tipos de cultivo. De este modo Carver pretendía que los agricultores tuvieran muchas más posibilidades de subsistencia. Siempre tuvo en mente a los trabajadores pobres, los cuales generalmente no sabían leer y utilizaban técnicas de agricultura que empobrecían la tierra. Carver luchó por hacer entender a los agricultores que restaurar el nitrógeno del suelo era vital para obtener buenas cosechas, y de este modo introdujo de nuevo la rotación de cultivos, ayudando a la gente del campo a entender por qué era necesario y como había que realizarla, alternando de este modo los cultivos de algodón con plantaciones de batatas y legumbres, lo cual también ayudó a mejorar mucho la alimentación.

Pero George Washington Carver no se conformó con mejorar la vida de millones de agricultores afroamericanos, sino que además fundó un laboratorio donde se intentaba buscar nuevas aplicaciones para las plantas más comunes cultivadas en su país. Esa información era distribuida de forma gratuita en sus famosos boletines agrícolas, los cuales alcanzaron una gran fama. En total llegó a proponer más de trescientos usos para el cacahuete, y otros tantos para la batata, la soja o la patata. No obstante algunas propiedades descritas por el botánico, como por ejemplo el uso terapéutico del aceite de cacahuete, fueron demostradas como no efectivas con posterioridad. A pesar de ese dato la gran mayoría de los usos propuestos fueron muy útiles, como por ejemplo adhesivos, tintes, papel, ablandadores de carne, polvos de talco, pavimentos, productos para pulir metales y otras muchas cosas más. De hecho, Carver llevo a realizar tres patentes para algunos de sus productos.

Con tal historial a sus espaldas, el cual incluía haber sido esclavo, ser uno de los primeros afroamericanos en tener estudios universitarios y descubrir centenares de nuevos usos para cultivos, Carver comenzó a tener una intensa vida pública. El presidente Theodore Roosevelt se reunió con él muchas veces por su condición de experto en agricultura, y además admiró públicamente su labor. Sus contactos comenzaron a crecer, y en poco tiempo James Wilson, un antiguo profesor suyo que llegó a secretario de agricultura, también hizo declaraciones publicas sobre su importante labor.

Todo esto se tradujo en que Carver entró a formar parte de la Royal Society of Arts de Inglaterra por sus estudios sobre aplicaciones industriales del cacahuete, los cuales le catapultaron a la fama hasta tal punto que, cuando en 1920 los agricultores de cacahuetes estadounidenses estaban en plena crisis por la introducción de productos chinos, él fue el elegido para hablar en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. No debemos de olvidar que, en aquel momento, Estados Unidos tenía leyes muy severas de segregación racial que impedían a los negros acceder a los puestos de poder, así que ver a George Washington Carver de pie y hablando en el Parlamento impactó a muchos congresistas, los cuales profirieron insultos y mostraron su indignación por haber permitido hablar a un negro. No obstante nuestro hombre explicó todos los usos industriales que se le podía dar al cacahuete, y finalmente propuso medidas como imponer una tasa adicional a los cacahuetes importados para hacer más competitivos a los productos de los agricultores americanos. La presentación que Carver hizo en el Congreso, junto con las medidas para incentivar la industria y la competitividad, lo hicieron toda una celebridad. Fue tal su notoriedad de persona práctica que otro hombre famoso y con la misma etiqueta se consideró íntimo amigo suyo: me refiero a Henry Ford, quien llegó a pagar de su propio bolsillo un ascensor en la casa del botánico cuando su elevada edad le impidió subir y bajar escaleras. Desconozco si la fama de Ford como la de un hombre racista estaba fundamentada en motivos reales, pero estos hechos dicen algo a su favor.

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Henry Ford y George Washington Carver

Los compañeros de Carver siempre se quejaron de que era un hombre orgulloso y desconfiado, cosa que uno puede llegar a entender si ahonda en su experiencia personal. A decir verdad quedaron registrados muchos de esos problemas; amenazas de renuncia incluidas. También nuestro botánico tuvo muchas quejas en el terreno científico, como ser poco exhaustivo recopilando datos o afirmar cosas sin demasiadas pruebas. Y si bien es cierto que nadie es perfecto y seguramente él tampoco lo fue, me cuesta distinguir qué parte de las críticas tuvieron una base real y qué parte se debieron, única y exclusivamente, a su orientación sexual y color de piel.

Nadie podrá negar que George Washington Carver tuvo una vida intensa y que se ganó a pulso todo lo que consiguió, pasando de ser un esclavo a un agricultor, y de ahí a ser un científico respetado y hablar en el parlamento de su nación. Inventor, botánico, luchador y ante todo un filántropo. ¿A cuántos George Washington Carver hemos dejado morir a latigazos? ¿A cuántos hemos condenado al analfabetismo? ¿Qué maravillosos descubrimientos e inventos nos hemos perdido por culpa del fanatismo racial? La historia de este hombre no es solamente grande por lo que hizo, lo cual ya sería remarcable de por sí, sino por todo el camino que tuvo que recorrer desde ser cambiado por un caballo a morir a los 79 años siendo uno de los hombres más respetados de su nación.

Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial el parlamento de los Estados Unidos prohibió gastar dinero en cuestiones no relacionadas con la guerra y que fuera posible posponer. Solo se hizo una excepción: el monumento a la vida y obra de George Washington Carver.

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