UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

El director de la FECYT cobra 7.250€ al mes: corrompiendo la divulgación científica


Texto escrito por Fernando Cervera

La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología —de ahora en adelante FECYT— tiene como una de sus principales labores la de ser un instrumento adecuado para la divulgación de la ciencia y el incremento de la cultura científica, según su misma página web [1]. En este artículo me propongo analizar ciertas cuestiones ligadas a su actual director, José Ignacio Fernández Vera, y a la labor de la institución que preside.

El sueldo de una persona no tiene por qué ser indicativo de mala praxis o corrupción, pero como dato inicial cabe destacar que José Ignacio Fernández cobra al mes, según datos de la FECYT, 7.250€. Cabría esperar, pues, una labor acorde a tal cantidad —por poner un ejemplo, el presidente de España cobra 6.580€ mensuales [12], es decir, bastante menos que él—. Por otro lado, Jose Ignacio ha saltado hace poco a la palestra informativa por un dato escandaloso que está investigando hacienda: gastó en dos años 22.000€ de la FECYT en coches privados con chófer para su desplazamiento personal [2]. Entre los datos más escandalosos, están gastos de 600€ en un solo día y por un único trayecto que, en tren, puede costar unos 30€. Otro de esos viajes se realizó a un acto político de un amigo personal de Jose Ignacio [5].

Ahora bien, ¿quién es José Ignacio Fernández Vera?, ¿justifica su experiencia y labor al mando de la FECYT sueldos superiores al del presidente del gobierno y gastos tan elevados en coches privados? Si accedemos a su cuenta de Linkedin podemos encontrar algunas respuestas y fechas [3], ya que en el currículum de la propia web de la FECYT no podemos hacerlo —de hecho, presenta fechas de trabajo tan poco precisas como a mediados de los 90—. De formación abogado, José Ignacio Fernández no tuvo estudios ni trabajo relacionados con el mundo de la ciencia o la investigación hasta que, dos años después de licenciarse y con 26 años, fue nombrado director de la Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación de la Universidad de Salamanca (OTRI). Tres años después de estar dirigiendo la OTRI decide realizar su única formación relacionada con el mundo de la ciencia y la investigación, un máster en Ciencia, Tecnología y Sociedad, por la Universidad de Salamanca, y que es un máster genérico que trata algunos aspectos de la relación entre la sociedad y la tecnología. En 2001 termina su labor al frente de la OTRI y se fue a trabajar como Asesor del Secretario de Estado de Política Científica y Tecnológica, ya que José Ignacio Fernández ha nadado siempre en ese terreno mixto y difuso entre la política y lo público, siendo vocal de una comisión provincial de un importante partido español y habiendo sido ya en su juventud gerente provincial de dicho partido y vicesecretario del área juvenil política [5]. A partir de ahí realizó diversos papeles en política científica, hasta que fue designado Director de Apoyo a la Investigación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Ahora bien, ¿fue su gestión excelente? Veámoslo.

El CNIO

Haciendo caso a los datos que José Ignacio Fernández facilita en su LinkEdin, realizó la labor de Director de Apoyo a la Investigación del CNIO desde mayo de 2004 a junio de 2011 (7 años 2 meses) y de Director de la Oficina de Enlace desde julio de 2009 a enero de 2012 (2 años 7 meses). Ahora bien, es de sobra conocido que el CNIO, debido a problemas en la gestión, padeció una crisis institucional entre 2012 y 2013 que terminó en el despido de una treintena de trabajadores, algunos de ellos científicos altamente cualificados, además de recortes tremendos a las líneas de investigación —muchas de ellas con sello de excelencia—. ¿Cuáles fueron las causas?

Un borrador interno del centro elaborado en aquella época ya presentaba una realidad alarmante: el déficit económico de la institución era de 9,4 millones de euros. Además, el centro se veía asfixiado por préstamos, y tal cual denunciaba el presidente de su comité científico, Joan Massagué, la dirección científica tenía fuertes enfrentamientos con los responsables de la gestión económica, sobre todo para dirimir las culpas de la mala gestión. Y es aquí cuando regresamos a la figura de José Ignacio Fernández Vera, actual director de la FECYT.

La gestión económica del centro, representada por Juan Arroyo, tenía dos adjuntos, Jesús Hernández Carabias y José Ignacio Fernández Vera. El primero terminó formando parte del equipo del ministro de economía, Luis de Guindos, y como ya sabemos, José Ignacio Fernández fue reubicado en la FECYT. El CNIO ha logrado salir adelante y, de hecho, aún se mantiene como un centro de excelencia en la lucha contra el cáncer a nivel mundial, pero lo ocurrido allí hace unos años quedará como uno de los capítulos negros de la ciencia española [7].

La FECYT

La FECYT, que es una entidad pública, gastó 22,3 millones de euros en 2015 y tiene cinco líneas básicas de actuación, de las cuales las más mediáticas son la gestión el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología y las actividades de divulgación científica que financia en su convocatoria anual.

Buscando datos es muy difícil trazar a dónde va el dinero que recibe la fundación: 3.250.000€ del presupuesto van claramente a las ayudas a la divulgación científica y son consultables proyecto por proyecto, pero el resto de actividades son difíciles de rastrear a nivel económico, ¿a dónde van los otros 19,1 millones de euros?

Con tal de conseguir más datos económicos, personalmente me puse en contacto con el portal de transparencia de la FECYT para saber en qué se gastan las diferentes partidas presupuestarias [8]. Antes de eso ya había consultado algunos documentos de la fundación, y por eso sabía que 2,2 millones se destinan a costes de estructura, 2 millones al apoyo a la internacionalización de la ciencia, 6,7 millones a servicios de apoyo al sistema español de I+D+i, otros 2 millones a las estadísticas y análisis que realiza la fundación, 0,6 millones al incremento de la participación social a favor de la ciencia, y 8,5 millones al fomento de la cultura científica. Ahora bien, después de saber el dato de los 22.000€ gastados en coches de alta gama por el director de la FECYT, estaba altamente interesado en conocer en cuál de todas esas categorías encajaba dicho gasto, y además desglosar de manera más realista y seria las cifras generales, pues a priori y de manera subjetiva, parecen cifras poco proporcionadas a las tareas que realiza la fundación. Por lo tanto, pedí al portal de transparencia ese gasto más desglosado para saber si estaba justificado. Me respondieron que todos esos datos son públicos y que se podían consultar en la memoria de la FECYT para el año 2015 [9], en la página 59 (figura que se encuentra más abajo), pero al explicarles que esos datos no sirven para un análisis real y que necesitaba información más detallada, dejaron de contestar. Me habría gustado poder ofrecer esos datos, pero el portal de transparencia de la fundación ha sido poco transparente al respecto.

fecytgraf

Datos ofrecidos por la FECYT para explicar su gasto de 22,3 millones de euros

Otro de los datos que quería obtener es la variación de sueldos entre el trabajador que más cobra y el que menos cobra dentro de la FECYT, ya que el sueldo de su director no es el único de elevadas proporciones: aunque no se especifica quiénes son, en las cuentas anuales de la fundación hay otras cuatro personas que, de media, estarían cobrando 5126€ al mes [10]. La diferencia salarial dentro de una institución es un importante marcador a la hora de valorar cómo funciona esa entidad, pero a pesar de haber pedido de forma específica estos datos, tampoco han sido facilitados para nuestra revista.

Entre lo público y lo politizado

Según la propia web de la Fecyt, una de sus funciones es el análisis métrico y seguimiento de la ciencia e innovación en España. La Fundación colabora con la Secretaría de Estado de I+D+I (SEIDI) en la elaboración de los indicadores de I+D+I y en la construcción de un sistema de información de ciencia, tecnología e innovación. También gestiona el Observatorio Español de la Investigación, Desarrollo e Innovación (ICONO), instrumento público de información e integración de indicadores de I+D+I.

Si pensamos en el valor de ese servicio público de la FECYT, nos daremos cuenta de que es de vital importancia: la estadística y el análisis de datos es la base de todo plan estratégico. ¿Cómo saber si las políticas en Investigación y Desarrollo se están realizando correctamente si no sabemos lo que está pasando? Ese es el motivo por el cual es de vital importancia recoger y analizar datos de la manera más objetiva posible. Ahora bien, si pensamos en todo lo que hemos comentado anteriormente llama la atención una cuestión elemental: la FECYT está politizada.

No soy un experto, ni siquiera alguien muy entendido, en economía o ciencias políticas. Es decir, desconozco el motivo por el cual es conveniente que un organismo encargado de hacer estadísticas para valorar el estado de la situación científico-técnica debiera estar politizado. Ahora bien, ¿no puede interferir en la objetividad de una entidad que su director sea un alto cargo del partido que gobierna? Me refiero a lo siguiente: imaginemos que la inversión publica en ciencia y tecnología no fuera eficiente, fuera insuficiente o se gastara de forma poco inteligente, ¿tendría la independencia necesaria la FECYT para hacer públicos datos que no dejaran en buen lugar al gobierno? Por otro lado, hay temas científicos que tienen una clara carga moral para la ciudadanía, ¿cómo afecta todo esto a qué proyectos de divulgación científica se realizan?

La ausencia de independencia corrompe el sentido de una entidad dedicada a fomentar la cultura científica y analizar datos objetivos, y a mi juicio personal, la FECYT corrompe su sentido desde el momento en el cual se permite la posibilidad de que responda a intereses de partidos políticos, y no a los de la nación que permite su existencia.

Conclusión

Según la RAE, corromper es alterar y trastrocar la forma de algo. A la luz de los datos recabados y de la falta de transparencia mostrada por la FECYT, solo me queda decir que su función está siendo corrompida por intereses que poco tienen que ver con su labor social en favor de la ciencia. En primer lugar, todo parece indicar un uso personalista de fondos públicos por parte de su director; en segundo lugar y a pesar de tener un portal de transparencia y de ser una institución pública, la FECYT no ofrece datos a la ciudadanía de cómo se gasta 22,3 millones de euros; y por último su estructura está altamente politizada, lo cual supone una pérdida de independencia importante.

Como anécdota diré que en la Gala de la Ciencia Española del año 2012, el matemático Bartolo Luque, de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), fue premiado por haber realizado una de las investigaciones mas representativas del año. Ahora bien, tres meses antes de eso la Secretaría de Estado de I+D+i rechazó financiar su proyecto. Es decir, y en palabras del mismo Bartolo Duque, “el mismo ministerio que me premia me quita la financiación” [11]. Mientras tanto, ese día desde el publico le miraba un hombre que cobra 7.250€ al mes por dirigir la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.

[1] Web de la FECYT

[2] Dinero en coches privados

[3] LinkedIn

[4] Curriculum Vitae

[5] Política

[5] Política

[6] Joan Massagué

[7] CNIO

[8] Portal de transparencia

[9] Memoria de actividades 2015

[10] Cuentas anuales de la FECYT

[11] Gobierno y financiación

[12] Sueldo del presidente

4 comentarios
  1. Manolo ANdres

    February 6, 2017 en 12:46

    Uno de tantos ejemplos de este país…… cuando hay algo de lo que se puede rascar……aparece algún “enchufado” de alguien que se lleva el “gato al agua”…..da igual que sea ciencia, tecnología, medio ambiente…. ¡¡¡¡qué pena!!!!

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  2. Ferran

    February 6, 2017 en 20:44

    Este artículo es un admirable y valiente trabajo de denuncia social.

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  3. Angel Gabete

    February 7, 2017 en 00:20

    Yo trabajé para una empresa que ganó un concurso de FECYT, y eramos más de 40 becarios licenciados o en ciernes, trabajando por toda España. Para esos sueldos también estuvieron espléndidos. A muchos les preocupa más el sillón que la ciencia, y que además sea cómodo mientras otros nos teníamos que sentar en banquetas sin contrato real y sueldo/beca miserable.

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  4. Lamarckismo social

    February 10, 2017 en 03:22

    Desde el momento en el que he leído “Salamanca” sabía el PPartido al que está vinculado este señor, antes de hacer click en los enlaces de referencia.

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