UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

De qué hablo cuando hablo de ser biólogo


Texto escrito por Dani Martínez

Es curioso, pero en los últimos meses está ocurriendo algo interesante en mi entorno. No sé si es por pura casualidad, o porque antes también pasaba y no me daba cuenta. Últimamente he escuchado unos cuantos comentarios que me han hecho pensar en la utilidad de la carrera que estudié y acabé hace unos años, ciencias biológicas, o biología, “a secas”. Han sido comentarios venidos de diversas partes bien diferentes entre sí, aunque todos dentro del mundo de la ciencia. Hace unos meses, en una discusión sobre zoología, alguien me preguntó: “¿y para qué te sirve aprenderte las 27 partes de la pata del saltamontes?”. Más tarde, un alumno colaborador al que le estoy enseñando unas cuantas cosas básicas sobre bioinformática aplicada a microbiota me comentó algo así: “si pudiera, no iría a las clases que me faltan de la universidad y me quedaría trabajando en bioinformática todo el rato”. Me sentí confuso a la par que halagado, claro, también significa que el chaval está disfrutando de lo que hacemos y eso es bueno. Por último, un amigo me preguntó que cómo se defiende uno de preguntas como “Para qué estudias especies o nomeclatura, si es inútil”. Comentario vertido por un biotecnólogo para más información, aunque para nada quiere decir que la gente de biotecnología piense así. Tengo amigos que han estudiado esa carrera y nunca me han comentado nada por el estilo. Que conste en acta, este artículo tiene una gran base de opinión personal. Lo digo antes de que la gente empiece a echarme a los leones porque lo que he dicho no gusta o no se está de acuerdo.

¿Qué significa ser biólogo? La biología, dicho de forma simple y llana, es el estudio de la biosfera (lo que está vivo) y sus conexiones, tanto internas como con el medio que les rodea. Eso significa que la biología implica el estudio de áreas muy diversas y dispares, desde aquellas que estudian la vida a escala pequeña, hasta aquellas que la estudian a escala poblacional o de comunidades. En la licenciatura que yo asistí tuve clases de todo tipo: zoología, botánica, biología celular, genéticas a tutiplén, evolución, bioquímica, ecología, microbiología, biofísica… Al fin y al cabo, la biología per se es un campo muy amplio donde salen infinidad de ramas que después han dado lugar a carreras específicas. Ahí tenéis el ejemplo de la Licenciatura en Bioquímica, Biotecnología o Ciencias Genómicas. Llegados aquí me gustaría matizar que no considero la carrera de Biología superior a las otras ya que cada una tiene sus ventajas e inconvenientes, pero si has elegido ciencias biológicas uno debe comprender que el ámbito de la misma es de mucho mayor espectro que las otras. Y ahí es donde radica la fortaleza de la biología, bajo mi opinión. Ser biólogo significa tener una perspectiva desde una altura en la cual observar a la vida en toda la amplitud que se pueda.

Entonces, ¿por qué me tengo que aprender las 27 partes de la pata del saltamontes, o nomeclatura de especies que a priori parece inservible en el mundo actual? Para responder a esto nos tenemos que centrar en qué es aquello que vertebra a la biología: la teoría de la evolución. Todos los que hemos estudiado mi carrera hemos sufrido eso de aprenderse infinidad de detalles en asignaturas que no nos interesan mucho a priori. Lo importante de esas materias, al final, no es haberse aprendido de memoria 8 millones de nombres diferentes, sino las intrincadas y delicadas conexiones que existen entre los detalles. The devil is in the detail, como le he leído a Neil Gaiman (aunque la frase no sea suya). Todo organismo existente en la Tierra tiene una rica historia detrás de él que cuenta por qué es como es, cómo ha llegado hasta ahí, y qué clase de porvenir puede tener. Lo importante no es aprenderse de memoria las cosas, lo importante es comprenderlas. Las partes de la pata del saltamontes, o los nombres de las especies nos dan información de cómo ha evolucionado la vida en nuestro planeta a lo largo de millones de años de “experimentos” a largo plazo, y la teoría de la evolución es lo que da sentido a que eso tenga una importancia. El que los vertebrados compartamos unas estructuras generales en nuestra estructura corporal, que rutas metabólicas como el ciclo de Krebs sean una constante en gran parte de la biosfera, o que prácticamente todos los organismos compartan un mismo código genético, son aspectos importantes a la hora de comprender la vida. En esta parte hay un ejemplo que me gusta citar, y es algo que Juli Peretó, profesor de bioquímica, nos comentó al comienzo de una de sus asignaturas. Nos preguntó, ¿por qué es importante estudiar bioquímica, si tienes todas las reacciones que quieras en bases de datos en internet? Porque el contexto, así como el porqué de las reacciones, son vitales para entender el metabolismo. ¿Acaso dejamos de aprender idiomas porque hay diccionarios disponibles? No se debe confundir el acceso a la información con conocer la lógica detrás de la misma.

Llegamos a la última cuestión, ¿para qué voy a estudiar lo que me falta de carrera, si creo que tengo lo necesario para empezar a trabajar en un proyecto y aprender bioinformática? Bueno, esta pregunta es un poco más compleja de responder, pero está igualmente relacionada con lo anterior. Todo depende de lo que quieras hacer en el futuro, pero en este punto voy a suponer que mi alumno quiere dedicarse a la ciencia, y que ha considerado que la bioinformática es el mejor camino para abordar las preguntas que se quiere plantear. El problema de su planteamiento es la especialización tan temprana que quiere tener, y confundir que la bioinformática es un campo de la biología como lo son la ecología o la bioquímica. A pesar de que la bioinformática tiene un grado de ciencia, en la cual se pueden desarrollar métodos o algoritmos nuevos desde un punto de vista de la teoría de la computación, no deja de ser en parte un campo metodológico más que uno básico. Bajo mi punto de vista, en ciencia lo importante es saber plantearte las preguntas interesantes que uno quiere responder. Para ello, uno no puede obviar el conocimiento de forma tan libre y ligera. ¿De qué forma está conectado esto con lo anterior? Porque en ambos casos uno tiene que intentar ampliar todo lo posible su punto de vista. Es igual que la discusión sobre si es importante o no estudiar historia de la ciencia. Por supuesto que lo es, no conocer la historia significa que tienes más probabilidades de fallar en tu investigación porque te falta contexto. Lo mismo pasa si uno quiere especializarse en los primeros compases de su carrera científica. También es interesante remarcar que conocer bien la tecnología actual te permite tener los pies en la tierra y ver qué proyectos son viables, y cuáles no.

La razón por la que esta última pregunta es algo más compleja es debido a que es perfectamente rebatible desde muchos puntos. Habrá quien opine que especializarse al principio tiene partes positivas y eso es innegable. Pero tengo la sensación que, en biología, centrarse en un solo camino desde el inicio es algo contraproducente. Al fin y al cabo, en el estudio de la vida todo ejemplo cuenta y todo es relevante en ciertos sentidos. No tener ese punto de vista podría significar que estás pasando por alto detalles básicos, que podrían ayudarte en tus quehaceres. Recuerdo que un profesor de armonía que tuve en el conservatorio nos decía que, uno de los problemas principales de este mundo moderno, es que la gente se especializa demasiado pronto. Nos animaba a conocer más, a no cerrarnos a un solo camino e intentar abordar campos diferentes sin temor. Con los años he ido comprendiendo que tenía toda la razón, y aunque centrarse en una rama es fundamental si te dedicas a algo muy específico, tener una perspectiva general del conjunto hace que pienses y actúes mejor. Me gustaría terminar diciendo que intentéis cosas diferentes, que salgáis de vuestra zona de confort y os lancéis a la aventura. La clave es no pararse, no cerrarse puertas, y seguir aprendiendo siempre.

4 comentarios
  1. Santi

    April 29, 2017 en 13:36

    Un artículo muy guapo.
    Siempre he pensado que estudiar cosas que dejas atrás y que en principio no vas a volver a tocar, por lo menos servían para amueblar el cerebro con herramientas más o menos relacionadas. Pero además, que sirvan para darle un contexto a la especialidad a la que uno llega me ha gustado mucho.
    También el contexto histórico de los sucesos, etc. me perece importantísimo para entender, por ejemplo, porqué se lanza una bomba atómica sobre una ciudad habitada.
    Gracias por compartirlo.

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    • Yamil

      May 3, 2017 en 22:16

      Totalmente de acuerdo

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  2. Flowers

    May 3, 2017 en 22:38

    Me ha encantado mucho, actualmente soy estudiante de último semestre de la Lic. en Biología, y me encontraba en un momento de crisis, en donde podía ver como mis demás compañeros ya sabían lo que querian hacer y en donde especializarse. Sin embargo ya estando al final, aun no sabia en que especializarme, este artículo me ha ayudado a dejar de sentir pánico por no saber que camino tomar.

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  3. Venexia

    May 4, 2017 en 21:48

    Muy bueno. En biología algunas asignaturas más que enseñarte sobre un tema, te ayudan a generar pensamiento abstracto y formas de abordar problemas. A veces no es solo el qué aprendes sino cómo lo aprendes.

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