UNA VENTANA AL MUNDO DE LA PASIÓN CIENTÍFICA

Crítica al movimiento escéptico I: ateísmo e inteligencia


Introducción a la saga de posts

Voy a hacer una serie de confesiones antes de iniciar esta saga de artículos: no creo en las terapias alternativas, soy activista por la promoción del pensamiento científico y me considero en lo global alguien a quien le gusta hacer preguntas. Algunos dirán que son atributos que uno podría relacionar con el movimiento escéptico, es decir, un grupo de personas organizadas que, sometiéndolo todo a tela de juicio, lucha por el avance del pensamiento crítico. No obstante creo que dentro del movimiento escéptico hay actitudes y posiciones que justamente chocan con esa definición, y que dentro de los autodenominados escépticos abundan cuestiones tan poco escépticas como el sometimiento de la opinión propia a la opinión del grupo o la autoridad, las falacias argumentales para justificar posiciones y ataques en contra de colectivos, y en general una soberbia y violencia dialéctica contra los que no piensan igual. Por ello inicio esta saga de artículos, esperando de este modo ayudar a poner sobre la mesa ciertas cuestiones que nos ayuden a mejorar en la dirección adecuada.

Crítica al movimiento escéptico I: ateísmo e inteligencia

Crítica al movimiento escéptico II: David Attenborough y la sobrepoblación

Crítica al movimiento escéptico I: ateísmo e inteligencia

Texto escrito por Fernando Cervera

Hace algún tiempo leí una noticia escrita por Miguel Ángel Criado. Decía que un exhaustivo repaso a los estudios publicados en el último siglo muestra una correlación negativa entre inteligencia y religiosidad. Los autores sugieren que un mayor intelecto suple las funciones que suele cumplir la fe [1]. Yo sé que Materia es una buena revista digital de divulgación científica, pero en este caso pienso que han cometido un pequeño error al dar credibilidad a un estudio poco riguroso. También es cierto que Miguel Ángel remarca en su artículo que correlación no implica causalidad, pero Matería no ha sido la única que ha dado cobertura al estudio. Muchas páginas de internet no dudan en citar esta historia para justificar que los ateos son más inteligentes que los creyentes, incluyendo remarcadas personalidades dentro del movimiento escéptico como por ejemplo Richard Dawkins [6] o numerosas páginas web que, bajo la etiqueta de antimagufos o escépticos, han ayudado a difundir la noticia [7]. Pero, ¿está bien hecho el estudio?

El artículo

El trabajo en cuestión del que se habla ha sido publicado en Personality and Social Psychology Review. Un grupo de investigación ha hecho una revisión de 63 artículos sobre religión e inteligencia, los cuales fueron publicados, de manera independiente, durante más de 70 años. Consultaron estudios que medían la inteligencia con diferentes test de Coeficiente Intelectual (CI) y exámenes de aptitud. Finalmente, los autores tradujeron todo esto en datos para hacer una comparación estadística [2]. A partir de esa comparación, los investigadores explican por qué creen que los inteligentes suelen ser menos religiosos. Plantean tres hipótesis. En primer lugar dicen que las personas inteligentes tienen una menor probabilidad de conformarse con los dogmas religiosos. En segundo lugar los investigadores apuntan a que los inteligentes no pueden aceptar creencias que no han sido demostradas mediante pruebas objetivas. En tercer lugar, los investigadores afirman que podría ser que el estilo cognitivo analítico de los inteligentes los hiciera refractarios a la religión.

La falsa medida del hombre

Decía el biólogo evolutivo Stephen Jay Gould que para que una buena desmitificación posea algún valor duradero, esta debe hacer algo más que reemplazar un prejuicio social por otro: debe utilizar una concepción biológica más adecuada para expulsar las ideas falaces. Esta frase la he sacado de un libro que se llama La falsa medida del hombre [3]. Dicho libro, según palabras de su autor, investiga si la inteligencia es una entidad única, localizada en exclusiva en el cerebro, si se puede cuantificar para cada persona y si es científicamente correcto usar números para ordenar a las personas en una escala de valor.

He puesto este texto para hacer una primera crítica al estudio del cual estamos hablando. ¿Qué es el CI exactamente? CI es un acrónimo para referirse al Coeficiente Intelectual, que es una puntuación obtenida en alguno de los test diseñados para medir la inteligencia. Pero, ¿qué habilidades mentales constituyen la inteligencia? La respuesta es que no hay un criterio único, claro y objetivo para responder a esa pregunta. Así que si la inteligencia aún no está definida de forma clara por toda la comunidad científica, no podemos saber exactamente si un test de CI la mide correctamente, ¿cómo podemos medir algo que ni siquiera sabemos lo qué es? Posiblemente la inteligencia esté compuesta por un conjunto de variables cualitativas y otras cuantitativas, además de tratarse de una cualidad multidimensional y no mensurable como un elemento único. Esto lo digo para que se entienda lo difícil que es hablar de medir inteligencia.

La conclusión de todo lo comentado es que los test de CI no son exactos ni tienen claro qué miden. Además, como veremos a continuación, en el estudio que vamos a tratar hay variables que no se tienen en cuenta y que afectan a todas las demás, lo cual hace que se distorsionen los resultados de una manera abrumadora.

Factores que afectan a otros factores

¿Qué lleva a una persona a ser religiosa, agnóstica o atea? Si intentamos arrojar luz sobre esta pregunta llegaremos a varias conclusiones. La primera de ellas es que la familia es algo totalmente decisivo a la hora de ser religioso, ya que la religión tiene factores de herencia cultural claros. Es decir, la gente que nace en familias creyentes tiene más posibilidades de ser religioso, y la gente que nace en familias ateas tiene más posibilidades de no creer en ningún dios. En segundo lugar, el país en el que uno nace afecta mucho, ya que una sociedad donde la religión es algo socialmente deseable llevará a que más gente crea en ella. Pero, ¿qué hace que dentro de una misma sociedad haya gente creyente y no creyente? Dejando fuera el factor familiar, es muy posible que la clase social y el nivel de estudios sean una tercera cuestión que afecta a la religiosidad. Entendemos la clase social como una forma de estratificación en la que un grupo de personas comparte una característica que los vincula social o económicamente. Además de todo esto, la política no es ajena a creer o no creer en un dios, y este efecto se produce por la asociación que establece la ciudadanía entre determinados temas sociales, la religión y los partidos políticos. En definitiva, los factores que llevan a una clase social a ser más o menos creyente dependen de cada país.

¿A dónde nos llevan todas estas reflexiones? A un hecho elemental: la religiosidad está completamente ligada a muchos factores diferentes, como por ejemplo el tipo de estudios, la sexualidad, el tipo de organización familiar, la zona donde uno vive, la ideología política o a la clase económica. No obstante, a pesar de que estos factores afectan a la religiosidad, en el estudio proponen que la edad, el género, la raza* o la educación no afectan a la misma. A riesgo de hacer una afirmación demasiado severa, esas conclusiones son, cuanto menos, sospechosas de no ser ciertas. Por eso mi segunda crítica a este artículo es que, tanto la religiosidad como el CI, son entidades poco comprendidas. Hacer correlaciones entre ambas es altamente peligroso, porque es difícil comprender e interpretar cualquier resultado obtenido. Hace pocos años (e incluso en la actualidad) se utilizaban correlaciones similares para justificar de manera falaz que los negros eran menos inteligentes que los blancos.

Los intentos por medir la inteligencia y relacionarla con ideologías o razas siempre han estado auspiciados por chauvinismos sociales, es decir, intentaban justificar una posición de privilegio de un grupo social. A los blancos racistas le gusta pensar que son más inteligentes, ya que eso les aportaría un argumento para denigrar a los negros, pero sospecho que a muchos ateos también les gustaría poder justificar una superioridad intelectual. Las metodologías y los errores que he observado en los estudios de ateísmo/inteligencia y raza/inteligencia son tremendamente parecidos (ver el enlace del libro La falsa medida del hombre). En ambos casos se obtienen correlaciones positivas, cómo en la disminución del número de piratas con el aumento de la temperatura global, ya que correlación no implica causalidad [4].

Conceptos cambiantes

Si echamos un vistazo a los artículos analizados en esta revisión publicada por la Personality and Social Psychology Review, veremos que hay artículos como el de Kanazawa (2012), el de Francis (1979), uno de Hadden (1963) o, por ejemplo, otro de Franzblau (1934). Si he elegido estas referencias es porque, si nos fijamos en las fechas, veremos que hay 78 años de diferencia entre el texto más antiguo y el más moderno, y sospecho que la religiosidad no es estable en el tiempo. Poniendo un ejemplo extremo, no creo que el ateísmo estuviera igual de bien visto en la España inquisitorial del siglo XVI que en la actualidad, y eso, posiblemente, afectaría a que el ateísmo no tuviera muchas opciones de progresar como postura filosófica.

Está claro que en el análisis realizado por los autores no se mezclan datos de diferentes épocas, pero las conclusiones generales sí que se sacan a partir de un conjunto de datos que abarcan casi ochenta años y que, sin ir más lejos, convivieron con decenas de revoluciones ideológicas. Además, no olvidemos el gran sentimiento antisocialista que reinó en los Estados Unidos en épocas recientes, donde la palabra ateo era, para muchos periódicos, políticos e incluso jueces, sinónimo de comunista, traidor, espía y conspirador. Suponer que se puede analizar la religiosidad durante casi ochenta años como si sus motivaciones, causas y connotaciones no hubieran cambiado, es cuanto menos una idea arriesgada.

Falacias argumentales

La falacia argumental de observación selectiva consiste en señalar las circunstancias favorables e ignorar las desfavorables. Por ejemplo, cuando un presidente hace alarde de sus éxitos como gobernante pero no menciona sus fracasos. Quiero ahora recordar un ejemplo que mencionaban los autores del artículo como prueba para validar su teoría.

En uno de los dos textos utilizados como prueba se estudió a un grupo de adultos que había acudido a una escuela para niños superdotados. Se preguntaba a estas personas si su satisfacción personal tenía algo que ver con la religión. Simplificándolo mucho, como solo el 0,4% dijo que la religión tenía algo que ver con su “felicidad”, los investigadores concluyeron que ser más inteligente te hace menos religioso, ya que ese porcentaje era significativamente menor que en adultos no superdotados. Ahora bien, me gustaría saber por qué no se incluyó un planteamiento inverso, es decir, preguntarles si pensaban que no creer en dios tenía algo que ver con su situación personal. Extraer conclusiones preguntando de forma parcial a un grupo determinado de gente no suele ser indicativo de nada. Además, hay factores incontrolables que contaminan cualquier conclusión que intentemos sacar. La más evidente es que, como los niños superdotados acudieron a un colegio común con un plan de estudios diferente al de los no superdotados, ¿cómo podríamos descartar que lo que afectó a su religiosidad no fue la educación recibida?  La gran mayoría de los estudios que he visto mencionados en la revisión son muy parecidos a este último.

Conclusión

La conclusión para todo lo que he intentado explicar es la siguiente. Los estudios sobre el CI son altamente cuestionables. Además, ni siquiera se comprende bien qué es la inteligencia, por lo cual estos test arrojan poca luz sobre esta cuestión. Intentar medir la inteligencia y ordenar a las personas en función de números está poco fundamentado.

Por otro lado, los estudios para intentar relacionar la religiosidad con una menor inteligencia olvidan muchos factores intermedios que pueden afectar a las conclusiones. Por ejemplo, que la media del CI de los países africanos sea la más baja del mundo no quiere decir que los negros sean menos inteligentes [5], sino que las guerras, la inestabilidad política, la mala alimentación y la no escolarización afectan de manera negativa a un test que mide algunos tipos de habilidades cognitivas.

Por último, si no fuera suficiente con todos los hechos observados anteriormente, los estudios que intentan correlacionar inteligencia con ateísmo utilizan datos tremendamente parciales, creando  de este modo resultados correlacionados con algún aspecto de la realidad, pero que no implican causalidad ni están bien planteados.


* Cuando en este artículo se habla de raza se hace como concepción social y no como concepción biológica, que en humanos no tiene fundamento.

[1] esmateria.com/2013

[2] psr.sagepub.com

[3] alames.org/

[4] naukas.com/2012/

[5] curiosidadsq.com/2013

[6] Richard Dawkins

[7] Web 1

[7] Web 2

[7] Web 3

[7] Web 4

19 comentarios
  1. Maria Salvador

    March 31, 2015 en 19:02

    Muy bueno, Fernando. Pero una cosa, cuando dices que sospechas que es mentira que el sexo o la raza no afecten a la religiosidad, me ha chirriado un poco la verdad. A ver, ¿el sexo afecta? En todo caso, ¿no sería que por el hecho de haberme educado como mujer tenga más puntos para ser religiosa o no? O sea que sería cultural (el género) y… La raza ¿?
    Todo lo demás, bravo.
    (Quitemos de un plumazo a estos ateos dawkinsinos!)

    Responder
    • Fernando Cervera

      March 31, 2015 en 19:26

      Yo no sé si hay relación entre ambos factores (ser mujer y grado de religiosidad), pero pongo en duda descartarlo tan rápidamente. Por ejemplo, la religión trata de forma diferente a los hombres y a las mujeres, y por ello puede que el sexo afecte a cómo un hombre o una mujer entienden la religión en una misma sociedad. Por poner un ejemplo, no es lo mismo vivir en Arabia Saudí y no poder conducir, tener que usar burka, no poder salir de casa sin un hombre y no poder denunciar a tu marido si te pega, que ser un hombre y poder tener cuatro mujeres y tratarlas como esclavas. A mi juicio subjetivo es más fácil que en esa sociedad una mujer sienta más desafección hacia su religión que un hombre. En la Europa cristiana hay colectivos que reivindican derechos para la mujer que son negados por la religión, por ejemplo el aborto como derecho, por lo que si la iglesia se opone al aborto como derecho de la mujer es más fácil que una mujer sienta desafección hacia la iglesia que un hombre, dado que aunque ese hombre esté concienciado es más fácil que una mujer note que la religión afecta al nivel de machismo que soporta. No sé hasta qué punto puede haber una relación entre el sexo y la religión, pero si la religión trata de forma diferente a los hombres y las mujeres no sería difícil que, en algunos contextos, la probabilidad de ser mujer/hombre y la de ser religioso/ateo no fueran totalmente independientes. También hay países donde ser mujer afecta a las posibilidades de recibir una educación, y yo tampoco descartaría a priori que el nivel de educación recibido afecta a la religiosidad, ya sea aumentándola o reduciéndola, ya que en muchos países la educación escolar es altamente religiosa. Vamos, yo no lo daría por supuesto como hace dicho artículo. También comentas que sería algo cultural, y efectivamente sería algo cultural, pero eso no quita que al final el sexo pueda afectar a la religiosidad por deficiencias culturales (relación no implica causalidad).

      En cuanto a la “raza” esta es motivo de discriminación, y cuando un colectivo se siente discriminado en una sociedad ese colectivo tiende a formar un grupo reivindicativo común. Los colectivos que en sociedades se unen de manera artificial por motivos externos (por ejemplo una discriminación común) tienden a buscar motivos de unidad e identidad propia. Un ejemplo fue el auge de movimientos musulmanes entre afroamericanos durante la época dura de la discriminación racial en Estados Unidos, o el aumento de la iglesia evangélica entre las comunidades gitanas en España al sentirse fuera de las comunidades cristianas tradicionales. Por otro lado si vamos a países con elevado grado de inmigración, como por ejemplo España, podremos observar que como los factores “raza” y país están asociados, y los factores país y religiosidad también, no es imposible que una cadena factores haga que en una misma sociedad la “raza” afecte a la religiosidad.

      Como conclusión de todo este entramado de posibles relaciones entre religiosidad y otros factores, la crítica principal a todos aquellos que intentan relacionar causalmente religiosidad con inteligencia, es que además de que no podemos hablar de inteligencia como algo mesurable y comprendido, lo cierto es que encima todos esos artículos ignoran el resto de factores para apuntar a una relación causal entre inteligencia y ausencia de religiosidad. Ese mismo error cometieron (y cometen) aquellos que ignoran el subdesarrollo y la malnutrición en África para relacionar raza e inteligencia. Al final todo son distorsiones introducidas por la cultura, del mismo modo que nacer mujer no te predispone a ser religiosa o no, a no ser que tu sociedad te trate diferente por ser mujer.

      Responder
      • Maria Salvador

        March 31, 2015 en 20:23

        Entonces es género, de lo que me hablas, y por tanto, cultural. Lo mismo que con raza, que ya sabemos que científicamente no tiene ningún sentido. Por eso creo que hay confusión con lo que quieres decir, creo que no son las palabras adecuadas. Si la raza, en África, no afecta a la CI (obvio) porque eran las condiciones sociales (malnutrición, «subdesarrollo»), de la misma manera la «raza» per se no afectaría a la religiosidad, serían condiciones sociales. Leeré el artículo, a ver qué dicen.

        Responder
        • Fernando Cervera

          March 31, 2015 en 21:52

          He buscado género en la RAE para salir de dudas sobre lo que comentas. La RAE indica muchos significados, pero el único que puedo entender con sentido biológico para esta cuestión es el de conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes. En cambio si busco sexo obtengo dos definiciones que también tienen sentido biológico en esta cuestión, condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas y conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino.

          La RAE no hace la distinción que mencionas y yo tampoco la entiendo, ya que creo que hablar de sexo es correcto, aunque también entiendo que género puede ser una concepción más amplia y también aplicable a esta situación. Pero, en todo caso, actuarían a modo de sinónimos en este tema. El sexo (masculino o femenino) es el fundamento biológico sobre el que sociedades como la nuestra construyen (muchas veces de forma denigrante y machista) sus esquemas sociales, así que sí que es el sexo el que está relacionado (sin causalidad) con el resto de variables que comentaba.

          Sobre la raza no me refiero a la raza como concepción biológica, que es falaz en humanos tal cual indicas, sino como concepción cultural (casta o calidad del origen o linaje). De este modo sí que hay una correlación entre ser Africano y tener bajo CI, pero no hay causalidad (y encima sabiendo que los test de CI no miden lo que dicen medir). La correlación se explica por variables intermedias y del mismo modo también se explica que no haya causalidad, justamente por esa concepción falaz de las razas que no tiene sentido biológico al aplicarlo a humanos.

          Por último, la crítica va más allá de que correlación no implica causalidad, sino que además el CI no sirve para medir la inteligencia.

          Responder
        • Fernando Cervera

          March 31, 2015 en 22:13

          PS: Finalmente he cambiado sexo por género y añadí una nota al pie de página para aclarar la cuestión de raza.

          Responder
  2. Maria Salvador

    March 31, 2015 en 20:25

    Cuando digo cultural, quiero decir que el género es una construcción social (ser mujer/hombre no es tener estos o otros órganos sexuales)

    Gracias por la respuesta 😉

    Responder
    • Fernando Cervera

      March 31, 2015 en 21:56

      Aquí entiendo qué quieres decir, te refieres al concepto de género en las ciencias sociales, que como en la sociología, la psicología o la antropología, es una construcción simbólica que alude al conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo biológico que convierten la diferencia sexual en una desigualdad social entre hombres y mujeres. Por ejemplo te refieres al caso de un transexual que puede cambiar su género a pesar de que a nivel biológico no corresponda con el sexo. No obstante no creo necesario hilar tan fino en esta cuestión porque el género que describes aquí (hombre o mujer) está altamente relacionado con el sexo salvo casos puntuales que no alteran esa correlación que, a mi juicio, aquí sí que implica causalidad (aunque no al 100% por esos casos que comento).

      Gracias a ti por tomarte la molestia de leer el texto y comentar. Un saludo!!!!

      Responder
      • Ernesto

        September 5, 2016 en 09:00

        Conocía tu trayectoria Fernando, pero nunca pensé que caerías tan hondo en la defensa de la pseudociencia y de la religión. Hoy se me ha caído una persona a la cual respetaba mucho.

        Responder
        • Fernando Cervera

          September 5, 2016 en 10:35

          Punto 1) Criticar algunas actitudes presentes en el movimiento escéptico no es defender la pseudociencia. De hecho, esos comentarios de muchos autodenominados escépticos son los que promueven la pseudociencia. Te recomiendo mirar lo que es un sesgo de confirmación, el cual sospecho que te ha llevado a ser tan poco objetivo y acrítico en este tema. Punto 2) No escribo o divulgo para buscar el respeto de la gente, pero eres libre de respetar a quien quieras. Un saludo.

          Responder
    • Ana

      April 11, 2015 en 11:46

      Me ha gustado un montón el artículo, pero yo también tengo una duda con el tema género. Hay madres que me aseguran ver diferencias de comportamiento muy marcadas entre niños de distinto género a pesar de haberles educado de forma radicalmente distinta a la “convencional”. Acaban concluyendo que el género tiene diferencias genéticas, utilizan la expresión “está en los genes”.
      Yo no tengo hijas ni pruebas, pero por otras razones, sostengo que el ser humano es, sobre todo, una construcción social y me cuesta creer que un comportamiento de género venga en los genes.¿Cuál sería la opinión de un/una científica?
      Admitir esa diferencia genéticamente…¿Cambiaría el artículo?
      Socialmente , resulta más fácil y, políticamente correcto, justificar las diferencias sexuales, de género, que las raciales.

      Responder
      • Fernando Cervera

        April 11, 2015 en 12:04

        Evidentemente el comportamiento de hombres y mujeres tiene diferencias basadas en la expresión génica diferencial de ambos sexos. Ojo, pero aunque eduques a tus hijos de manera diferente, ¿cómo mides el efecto que ejercen sobre ellos sus amigos, la televisión, el colegio, etc? Mis padres eran muy abiertos respecto a que yo hiciera balet de pequeño, mis amigos no tanto (por poner un ejemplo). Es difícil medir qué comportamientos causa el ambiente y qué comportamientos causa la genética (es un eterno debate), pero que ambos participan en el resultado final es indiscutible.

        Lo que María intentaba decir, a mi juicio, es que la sociedad trata de forma diferente a las mujeres de los hombres porque hace una construcción social en torno a esa idea, que es algo que varía totalmente de unas culturas a otras. La sociedad no te impide conducir por ser mujer en Arabia Saudí, lo hace porque los prejuicios sociales en torno a la etiqueta de ser mujer así lo indican. Ahora bien, aunque es verdad lo comentado, para mi carece de sentido hacer esas distinciones en el artículo que yo escribí, dado que en una sociedad determinada que te otorguen la etiqueta social de mujer por ser hembra desde el punto de vista biológico, no solo está correlacionado sino que además implica una clara causalidad, porque aunque correlación no implica causalidad, a veces dos cosas correlacionadas (nacer hembra y que la sociedad te ponga la etiqueta social de mujer) sí que implican causalidad. Sí, esa etiqueta se puede cambiar y depende de más cosas (entre ellas las etiquetas que decida asumir cada uno) pero nadie podrá negar la clara relación causal entre no tener pene y características sexuales secundarias femeninas, con la de que un capullo te quiera pagar menos por el hecho de que socialmente eres una mujer.

        Responder
        • Ana

          April 15, 2015 en 14:46

          Gracias

          Responder
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  4. Ramiro

    May 24, 2016 en 19:09

    Qué sería el “movimiento escéptico” y quiénes los escépticos autodenominados, a los que se critica? Es válido criticar una argumentación, en este caso la correlación entre inteligencia y religiosidad, pero no me parece lo mismo generalizar y criticar a un colectivo al que no se define ni se individualiza.

    Responder
    • Fernando Cervera

      May 24, 2016 en 19:58

      Es un tema complejo de definir, y no se critica a todo el colectivo. De todos modos los “autodenominados escépticos” me parece algo que se define por sí mismo, además de que se dan algunos nombres y webs de sobra ligadas a lo que se conoce generalmente como movimiento escéptico.

      Responder
  5. Eduardo Cabrera

    May 24, 2016 en 22:25

    Hola Fernando,

    Yo creo que sí es posible afirmar que los ateos, en general, son más inteligentes que los creyentes. Respecto a las cuestiones que planteás como difíciles o imposibles de dicernir, la dificultad para determinar a través de un test el grado de inteligencia y los distintos factores que intervienen en ella, son todos factores posibles de abstraer. Tampoco el hecho de que, “Los intentos por medir la inteligencia y relacionarla con ideologías o razas siempre han estado auspiciados por chauvinismos sociales, es decir, intentaban justificar una posición de privilegio de un grupo social”, es un pretexto válido para eludir la cuestión.

    Las tres hipótesis, “En primer lugar dicen que las personas inteligentes tienen una menor probabilidad de conformarse con los dogmas religiosos. En segundo lugar los investigadores apuntan a que los inteligentes no pueden aceptar creencias que no han sido demostradas mediante pruebas objetivas. En tercer lugar, los investigadores afirman que podría ser que el estilo cognitivo analítico de los inteligentes los hiciera refractarios a la religión”, siguen siendo totalmente plausibles, independientemente de la dificultad de la demostración e incluso de acertar con una definición de inteligencia que esté más allá de toda duda.

    En última instancia se podría decir que ciertas personas poseen una capacidad intelictiva superlativa en ciertas áreas pero son irremediablemente estúpidos en otras. Como balance general creo que los ateos son más inteligentes que los creyentes. En todo caso, deposito en los creyentes la carga de la prueba de que esto no es así.

    Saludos cordiales.

    Responder
    • Fernando Cervera

      May 25, 2016 en 16:18

      Hola Eduardo.

      Las creencias no son buenas por lo general, y hablando de inteligencia tampoco. No es una cuestión de creer o no creer que unos son más inteligentes que los otros, es una cuestión de evidencia. ¿Hay evidencia en esa dirección? La realidad es que no, y ese estudio utilizado como prueba es solo un caso de mala ciencia, del mismo tipo que los que afirman que los negros son menos inteligentes. Aquí las opiniones personales valen poco.

      Sobre la inteligencia es tan sencillo como que si no se sabe qué es ni qué factores la determinan, no se puede medir. Habrá gente que dirá: con una regla se puede medir un objeto que no sabes lo que es. Es una ejemplificación fraudulenta, pues hay un criterio válido para medir longitud porque se puede definir la longitud, ahora bien, ¿en qué unidades medimos la inteligencia? Los resultados de diversos test de inteligencia no son reproducibles en muchos casos, incluso utilizando el mismo test. Hay deficiencias claras en la construcción y estandarización estadística de los tests, y eso nos lleva a que no son adecuados para medir algo que tiene variables cualitativas y cuantitativas, y que por otro lado es multidimensional. ¿Se podrá medir algún día la inteligencia? No lo sé y no me gusta apostar a futuro, lo que te puedo decir es que actualmente no se puede.

      Sobre la carga de la prueba quien hace la afirmación debe demostrarla, y no al contrario. Habrá que demostrar en todo caso que los no creyentes son mas inteligente, y no que los creyentes demuestren que ellos son igual de inteligentes que el resto.

      Entonces, resumiendo, no hay evidencia de que los creyentes sean menos inteligentes, y actualmente la inteligencia no se puede medir, por lo que bajo mi punto de vista no tiene sentido hablar mucho más del tema.

      Responder
      • Eduardo Cabrera

        May 25, 2016 en 18:53

        Fernando,

        En primer lugar, cuando digo “yo creo” no deberías interpretarlo en el sentido que utilizás sino en un sentido retórico. No se trata de una “creencia” en el sentido de “fe” en algo sino de un convencimiento relativo.

        Tu argumentación se basa por entero en la dificultad de determinar qué es la inteligencia y cómo medirla. Insisto, se puede hacer abstracción de ambas cuestiones. Es decir, más allá de una coincidencia exacta en tales determinaciones y mediciones, es evidente la existencia de desigualdades de inteligencia entre especies, razas e individuos. Si yo digo que Eisntein fue más “inteligente” que yo, todo el mundo entiende de qué estamos hablando. Claro, a lo mejor yo soy más inteligente que Einstein en algún aspecto de las “inteligencias múltiples” pero a pocos les cabe duda de a lo que me refiero con aquella afirmación. En este caso, la imprecisión no es suficiente para invalidar la cuestión por banales cuestiones de dificultad en la determinación y la medición.

        Bueno, al menos es lo que yo “creo”…

        Te mando un cordial saludo.

        Responder
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